Día de la Alita: la historia del platillo que conquistó al mundo

Cada 29 de julio se celebra el Día Internacional de la Alita, una fecha dedicada a uno de los platillos más populares de la gastronomía estadounidense y que hoy forma parte de los menús de restaurantes, bares y reuniones deportivas en prácticamente todo el mundo.

Aunque actualmente existen cientos de versiones, la historia de las famosas Buffalo Wings comenzó en 1964 en la ciudad de Buffalo, Nueva York. La versión más aceptada señala que Teressa Bellissimo, copropietaria del histórico Anchor Bar, preparó unas alitas de pollo fritas bañadas en una salsa elaborada con mantequilla y salsa picante para ofrecer un refrigerio improvisado a un grupo de clientes. Lo que inició como una solución de último momento terminó convirtiéndose en un fenómeno gastronómico internacional.

El éxito del platillo fue tan grande que, en 1977, el alcalde de Buffalo, Stan Makowski, proclamó oficialmente el 29 de julio como el Día de la Alita, un reconocimiento que con el paso de los años trascendió las fronteras de Estados Unidos y hoy es celebrado en numerosos países.

Uno de los aspectos más curiosos de esta historia es que las alitas de pollo no siempre fueron consideradas una pieza valiosa. Durante muchos años se utilizaban principalmente para preparar caldos o incluso eran descartadas, hasta que la receta creada en Buffalo cambió por completo su destino y las convirtió en uno de los alimentos más solicitados en restaurantes y cadenas de comida.

Con el paso del tiempo aparecieron nuevas técnicas de preparación: fritas, horneadas, ahumadas o cocinadas al carbón, acompañadas de aderezos como queso azul o ranch, además de vegetales como apio y zanahoria que ayudan a equilibrar el sabor picante.

Hoy las alitas representan mucho más que un simple platillo. Son protagonistas de reuniones familiares, celebraciones, noches de películas y, sobre todo, de los grandes eventos deportivos, donde millones de personas las consideran un elemento indispensable para disfrutar de cada partido.

Lo que comenzó hace más de seis décadas como una receta improvisada en un pequeño bar de Nueva York terminó convirtiéndose en una tradición culinaria que sigue conquistando paladares alrededor del mundo.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO

Del BBQ al mango habanero: los sabores de alitas más populares del mundo

Las alitas de pollo han evolucionado mucho desde la receta original creada en Buffalo. Hoy existen decenas de combinaciones que van desde sabores intensamente picantes hasta opciones dulces, ahumadas o inspiradas en cocinas internacionales, convirtiéndose en uno de los platillos más versátiles de la gastronomía contemporánea.

La receta clásica Buffalo continúa siendo la favorita de millones de personas. Su combinación de salsa picante con mantequilla ofrece un equilibrio entre intensidad y sabor que marcó el nacimiento de este platillo.

Muy cerca aparece la tradicional Barbecue (BBQ), caracterizada por su sabor dulce y ahumado, una de las más solicitadas en Estados Unidos y América Latina.

Otra de las grandes favoritas es la versión Honey BBQ, que incorpora miel para ofrecer un toque más dulce sin perder el característico sabor de la parrilla.

Entre quienes disfrutan sabores intensos destacan las Mango Habanero, una mezcla de fruta tropical con el potente picor del chile habanero, así como las Garlic Parmesan, preparadas con mantequilla, ajo y queso parmesano, ideales para quienes prefieren opciones menos picantes.

Las recetas inspiradas en Asia también han ganado enorme popularidad. Las alitas con salsa Teriyaki, Sriracha, soya, jengibre o miel forman parte del menú de numerosas cadenas internacionales gracias a su equilibrio entre dulce, salado y especiado.

En México, además de las tradicionales Buffalo, han surgido versiones con chile chipotle, tamarindo, chile de árbol, habanero, limón con pimienta o incluso mezclas con tequila y mezcal, adaptando el platillo al gusto nacional.

La innovación no se detiene. Muchos restaurantes crean ediciones especiales con ingredientes locales, especias regionales e incluso salsas extremadamente picantes diseñadas para retos gastronómicos que se han vuelto populares en redes sociales.

Con tantas opciones disponibles, las alitas han dejado de ser únicamente un antojito estadounidense para convertirse en un platillo global capaz de adaptarse prácticamente a cualquier cultura y preferencia culinaria.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO.

Tacos, birria y antojitos: los sabores de México que conquistan a los visitantes del Mundial

El Mundial 2026 no solo ha dejado grandes emociones en las canchas; también se ha convertido en una extraordinaria vitrina para la gastronomía mexicana. Miles de aficionados provenientes de todos los continentes han aprovechado su estancia en el país para descubrir los sabores tradicionales, y hay algunos platillos que se han convertido en sus favoritos.

Los tacos al pastor encabezan la lista de las especialidades más buscadas por los turistas. Su preparación en trompo, el aroma de la carne marinada y la combinación con piña, cebolla, cilantro y salsa los han convertido en una parada obligatoria para quienes visitan la Ciudad de México.

Pero el entusiasmo gastronómico va mucho más allá de los tacos. Los visitantes también han mostrado un gran interés por los tradicionales antojitos mexicanos, como quesadillas, sopes, gorditas, tlacoyos, pambazos y tostadas, muchos de ellos descubiertos en mercados, fondas y puestos callejeros recomendados por los propios capitalinos.

En las otras sedes mundialistas también hay platillos que se han robado el protagonismo. En Guadalajara, la torta ahogada y la birria se encuentran entre las experiencias culinarias más solicitadas por los aficionados, mientras que en Monterrey el cabrito, la carne asada y otros cortes norteños forman parte del recorrido gastronómico de quienes visitan la ciudad.

Las bebidas tradicionales tampoco pasan desapercibidas. El mezcal, el tequila, las aguas frescas y la cerveza mexicana acompañan muchas de las comidas de los visitantes, quienes buscan vivir una experiencia auténticamente mexicana durante su estancia.

El interés por la cocina nacional ha sido tal que numerosos mercados y corredores gastronómicos de la capital se han convertido en puntos de encuentro para los aficionados extranjeros. Además, vendedores y locatarios recibieron capacitación en inglés para explicar el origen y los ingredientes de los platillos típicos, facilitando la experiencia culinaria de los turistas.

Más allá del futbol, la gastronomía se ha consolidado como uno de los grandes atractivos del Mundial. Para muchos visitantes, probar un taco al pastor recién preparado, disfrutar una birria o descubrir los sabores de un mercado tradicional se ha convertido en un recuerdo tan memorable como asistir a un partido de la Copa del Mundo.

Del taco al pozole: los platillos mexicanos que conquistaron a los aficionados del Mundial

La Copa del Mundo 2026 no solo ha sido una fiesta de futbol. Para miles de visitantes extranjeros, el torneo también se ha convertido en una oportunidad para descubrir la riqueza gastronómica de México, y muchos han encontrado en la comida uno de los grandes atractivos de su viaje.

Entre los platillos más solicitados por los aficionados destacan, por supuesto, los tacos. Ya sean al pastor, de carnitas, de suadero o de barbacoa, este emblemático antojito mexicano se ha convertido en una parada obligada para quienes buscan probar los sabores más representativos del país.

Otro de los favoritos ha sido el guacamole, acompañado de totopos o servido como complemento de diversos platillos. Su frescura y sencillez lo han convertido en una de las opciones más populares entre los visitantes internacionales.

El pozole también ha despertado la curiosidad de muchos turistas. Este tradicional platillo elaborado con maiz cacahuazintle, carne y diversos ingredientes regionales ha sido para muchos una de las experiencias gastronómicas más auténticas durante su estancia en México.

Los chilaquiles, especialmente durante los desayunos, han sorprendido a los aficionados por la variedad de presentaciones y sabores. Muchos visitantes los han descubierto como una alternativa muy distinta a los desayunos tradicionales de otros países.

Las quesadillas, los tamales y las enchiladas también figuran entre los alimentos más consumidos durante el torneo. En mercados, restaurantes y puestos callejeros, estos platillos han permitido a los turistas acercarse a la cocina cotidiana de los mexicanos.

Los postres tampoco han pasado desapercibidos. Los churros, el arroz con leche y los tradicionales dulces mexicanos han encontrado nuevos admiradores entre los viajeros que recorren las ciudades sede.

Además de los alimentos, las bebidas tradicionales han despertado gran interés. Aguas frescas de jamaica y horchata, asi como el cate mexicano y algunas bebidas típicas regionales, han acompañado la experiencia culinaria de miles de visitantes.

Para muchos aficionados, probar la gastronomía mexicana ha sido tan importante como asistir a un partido. Al final, los goles y las emociones del Mundial quedarán en la memoria, pero también lo harán los sabores que han convertido a México en uno de los destinos gastronómicos más admirados del planeta.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO

TACOS QUE NUNCA DUERMEN: LA RUTA DE LOS MEJORES TACOS 24 HORAS EN LA CIUDAD DE MÉXICO

Pocas cosas representan mejor a la Ciudad de México que sus tacos. Son parte de la identidad de la capital, un punto de encuentro para amigos, familias, trabajadores, estudiantes y visitantes de todo el mundo. Y si hay algo que distingue a la gastronomía chilanga es que siempre existe una taquería lista para recibir clientes, sin importar la hora.

Ya sea después de un concierto, una fiesta, una jornada de trabajo, un partido de futbol o simplemente porque apareció el antojo a medianoche, la Ciudad de México cuenta con una amplia oferta de taquerías abiertas las 24 horas que se han convertido en auténticas instituciones para quienes saben que nunca hay una mala hora para disfrutar unos buenos tacos.

Uno de los nombres más emblemáticos es Los Cocuyos, una auténtica leyenda del Centro Histórico. Con más de medio siglo de tradición, este establecimiento es famoso por sus tacos de suadero, lengua, cachete y tripa. A cualquier hora del día es posible encontrar clientes formados esperando probar alguna de sus especialidades.

En la colonia Roma se encuentra El Gato Volador, uno de esos lugares que parecen cobrar vida cuando cae la noche. Sus tacos preparados al momento y su ubicación estratégica lo han convertido en una parada obligada para quienes buscan cerrar una noche de diversión con una buena cena.

Otra institución capitalina es El Borrego Viudo. Durante décadas ha sido el refugio favorito de miles de noctámbulos. Su característica más conocida es el servicio directamente al automóvil, una tradición que ha convertido la experiencia de comer tacos en algo único dentro de la ciudad. Para muchos capitalinos, una salida nocturna simplemente no está completa sin una visita a este clásico establecimiento.

Al sur de la ciudad aparece otro de los grandes favoritos: Tacos Chupacabras. Generaciones enteras han pasado por sus mesas después de conciertos, reuniones familiares, celebraciones o largas jornadas de trabajo. Su mezcla especial de carnes y su característico sabor lo han convertido en uno de los puntos de referencia gastronómicos más conocidos de la capital.

La lista también incluye a Paisa Chilaquil, un lugar que ha ganado popularidad gracias a sus generosas porciones y a una propuesta que combina dos de las grandes pasiones culinarias de los mexicanos: los tacos y los chilaquiles. El resultado es una parada frecuente para quienes buscan una comida abundante sin importar la hora.

Lo interesante de estas taquerías es que cada una refleja una parte distinta de la personalidad de la Ciudad de México. Algunas mantienen la esencia de los puestos tradicionales de barrio, mientras que otras se han transformado en auténticos referentes gastronómicos conocidos incluso por turistas internacionales.

Más allá de las recetas, estos lugares forman parte de la vida cotidiana de la ciudad. Son escenarios donde coinciden músicos después de un concierto, amigos que prolongan una conversación hasta el amanecer, trabajadores que terminan un turno nocturno o simplemente personas que descubren que el hambre no entiende de horarios.

Porque si algo han demostrado los capitalinos a lo largo de los años es que siempre existe una buena razón para comer tacos. Después de una celebración, una noche de fiesta, una función de teatro, una reunión con amigos o incluso durante una madrugada cualquiera, la respuesta suele ser la misma: encontrar una taquería abierta.

Y afortunadamente, en la Ciudad de México siempre hay una esperando.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO

Donas Americanas: el sabor que marcó los recreos de toda una generación y que sigue vivo en la Ciudad de México

Antes de que existieran las cafeterías de moda, las aplicaciones de entrega a domicilio o las cadenas internacionales de donas en cada centro comercial, hubo una marca que conquistó a miles de capitalinos con una fórmula mucho más sencilla: una caja llena de donas recién hechas.

Para quienes crecieron en la Ciudad de México durante las décadas de los ochenta y noventa, el nombre Donas Americanas evoca de inmediato una serie de recuerdos que forman parte de la vida cotidiana de toda una generación. El recreo en la primaria, la cooperativa escolar, la junta de oficina, la celebración improvisada de cumpleaños o la visita de alguien que llegaba con una caja de donas para compartir.

Era una época en la que la ciudad tenía otros ritmos y otros sabores. En los patios de las escuelas, muchos estudiantes esperaban la hora del descanso para comprar una dona cubierta de chocolate, maple o coco. En las oficinas, las cajas aparecían sobre las mesas de juntas para acompañar el café de media mañana. En las casas, eran el detalle perfecto para una reunión familiar de domingo.

A diferencia de muchas marcas que dependían de grandes tiendas o franquicias, Donas Americanas construyó su popularidad a través de la distribución directa. Sus camionetas recorrían colonias, escuelas, negocios y centros de trabajo llevando sus productos prácticamente a cualquier rincón de la ciudad.

Por eso, para miles de personas, el recuerdo de la marca no está ligado a una sucursal específica, sino a la llegada de aquellas unidades de reparto que parecían aparecer justo en el momento indicado.

Fundada en 1980, la empresa logró convertirse en parte del paisaje urbano de la capital mexicana. Mientras desaparecían muchas marcas emblemáticas de aquellos años, Donas Americanas logró mantenerse vigente gracias a una combinación de tradición, calidad y una receta que ha permanecido prácticamente intacta durante más de cuatro décadas.

Donas Americanas sigue operando actualmente en la Ciudad de México y el área metropolitana. La compañía continúa produciendo y distribuyendo miles de piezas diariamente, manteniendo vivo un negocio que para muchos forma parte de la memoria emocional de la ciudad.

En tiempos donde la nostalgia se ha convertido en una poderosa herramienta cultural, la permanencia de Donas Americanas resulta particularmente significativa. No se trata solamente de una empresa que ha sobrevivido al paso del tiempo; se trata de una marca que ha logrado conservar una conexión emocional con varias generaciones de consumidores.

Los niños que compraban una dona durante el recreo en los años ochenta hoy son padres e incluso abuelos. Muchos de ellos siguen reconociendo los mismos sabores que los acompañaron durante su infancia y continúan compartiéndolos con nuevas generaciones.

En el marco del Día de la Dona, que se celebra cada primer viernes de junio, pocas historias representan mejor la relación entre gastronomía y memoria colectiva que la de Donas Americanas. Una empresa mexicana que sobrevivió a los cambios de la ciudad, a las nuevas tendencias de consumo y a la llegada de competidores internacionales.

Porque a veces un simple antojo puede convertirse en un recuerdo imborrable.

Y para miles de capitalinos, basta con ver una dona cubierta de chocolate para regresar, aunque sea por un instante, a aquellos recreos escolares, a las oficinas de otra época o a las tardes familiares en una Ciudad de México que sigue viva en la memoria.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO.

El Día de la Dona: la dulce historia detrás de uno de los postres más populares del mundo

Cada primer viernes de junio, millones de personas alrededor del mundo celebran el Día de la Dona, una fecha dedicada a uno de los antojos más irresistibles de la gastronomía moderna. Aunque hoy está asociada con promociones, sabores extravagantes y vitrinas llenas de glaseados coloridos, la historia de esta celebración tiene un origen mucho más profundo y emotivo de lo que muchos imaginan.

Este 2026, el Día de la Dona se celebra el 5 de junio y representa una oportunidad perfecta para rendir homenaje a un alimento que ha trascendido generaciones, culturas y fronteras.

Una historia que comenzó en tiempos de guerra

La celebración nació oficialmente en 1938 gracias a la organización benéfica The Salvation Army, que buscaba reconocer el trabajo de las llamadas “Donut Lassies”, un grupo de mujeres voluntarias que durante la Primera Guerra Mundial ofrecían apoyo a los soldados estadounidenses destacados en Francia.

Además de brindar ayuda emocional y compañía a los jóvenes combatientes, estas voluntarias preparaban café y donas para levantar la moral de las tropas. Debido a las limitaciones de recursos en los frentes de batalla, muchas veces las donas eran elaboradas en improvisadas cocinas de campaña.

Con el paso del tiempo, aquellas mujeres se convirtieron en un símbolo de solidaridad y esperanza. Décadas después, la creación del Día Nacional de la Dona buscó preservar su legado y recordar la importancia de su labor humanitaria.

Mucho más antigua de lo que parece

Aunque la dona suele asociarse inmediatamente con Estados Unidos, sus raíces se encuentran en Europa.

Los historiadores gastronómicos coinciden en que sus antecedentes más directos son los “olykoeks”, una especie de pastel frito preparado por inmigrantes holandeses que llegaron a Norteamérica durante los siglos XVII y XVIII.

Aquellas primeras versiones no tenían agujero en el centro. Eran masas redondas fritas en aceite que solían rellenarse con frutas o nueces.

La leyenda más popular cuenta que el característico agujero fue introducido en 1847 por un marinero llamado Hanson Gregory, quien buscaba una forma de lograr una cocción más uniforme de la masa. Aunque existen varias teorías sobre el origen exacto, lo cierto es que aquella modificación terminó convirtiéndose en el sello distintivo de la dona moderna.

La conquista del mundo

Durante el siglo XX, la popularidad de las donas creció de manera exponencial gracias a la industrialización de su producción y al surgimiento de grandes cadenas especializadas.

Lo que comenzó como un sencillo pan dulce terminó transformándose en un fenómeno global con miles de variantes.

Actualmente es posible encontrar donas cubiertas de chocolate, caramelo, maple, crema de cacahuate, galleta triturada, tocino, frutas, rellenos de crema pastelera, cajeta, dulce de leche o incluso versiones gourmet elaboradas por reconocidos chefs.

En países como Japón, Corea del Sur y Francia se han desarrollado interpretaciones locales que mezclan ingredientes tradicionales con la receta clásica estadounidense.

México y su amor por las donas

En México, las donas se han convertido en parte habitual de la cultura gastronómica urbana. Desde las panaderías de barrio hasta las cadenas internacionales, este postre forma parte del desayuno, la merienda o el antojo de media tarde de millones de personas.

Además de las versiones tradicionales cubiertas de azúcar o chocolate, las panaderías mexicanas han desarrollado propuestas propias con ingredientes como cajeta, chocolate artesanal, canela, café, rompope e incluso sabores inspirados en dulces típicos nacionales.

Las nuevas generaciones también han impulsado una auténtica revolución creativa, dando origen a establecimientos especializados que elaboran donas artesanales con ingredientes premium y diseños que muchas veces parecen auténticas obras de arte comestibles.

Un ícono de la cultura popular

La dona también ha encontrado un lugar privilegiado dentro del cine, la televisión y la cultura pop.

Personajes como Homer Simpson ayudaron a convertirla en un símbolo universal del placer culinario. Su famosa obsesión por las donas rosas con chispas de colores es reconocida prácticamente en cualquier rincón del planeta.

Además, la dona ha aparecido en innumerables películas, series, videojuegos y campañas publicitarias, consolidando su imagen como uno de los postres más populares y reconocibles del mundo.

Más que un simple postre

Detrás de cada dona existe una historia que combina tradición, inmigración, creatividad culinaria y hasta episodios de solidaridad en tiempos de guerra.

Por ello, el Día de la Dona es mucho más que una excusa para disfrutar un antojo dulce. También es una oportunidad para recordar cómo un alimento sencillo logró acompañar a soldados en momentos difíciles, evolucionó a través de distintas culturas y terminó convirtiéndose en un fenómeno gastronómico global.

Este 5 de junio, ya sea con una clásica dona glaseada, una rellena de crema o una sofisticada versión gourmet, millones de personas volverán a celebrar un pequeño placer que, generación tras generación, sigue conquistando paladares alrededor del mundo.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO

DUA LIPA Y SU AMOR POR LA CIUDAD DE MÉXICO: LOS RESTAURANTES Y BARES QUE RECOMIENDA LA ESTRELLA DEL POP

Ni la boda más comentada del fin de semana la detiene. Entre música, giras y nuevos proyectos, Dua Lipa encuentra tiempo para recomendar los rincones gastronómicos de la Ciudad de México que han conquistado su paladar.

Dua Lipa no sólo ha conquistado al público mexicano con su música. La cantante británica también se ha convertido en una auténtica embajadora de la Ciudad de México, una urbe que ha visitado en numerosas ocasiones y por la que ha demostrado una fascinación especial gracias a su gastronomía, vida cultural y vibrante escena nocturna.

La intérprete de Houdini, Training Season y Levitating sorprendió recientemente a sus seguidores al compartir una selección de sus lugares favoritos en la capital mexicana como parte de “Dua’s Lists”, una iniciativa realizada en colaboración con Google Maps donde la artista recomienda sitios imperdibles de algunas de sus ciudades preferidas alrededor del mundo.

La lista confirma algo que muchos de sus seguidores ya sospechaban: cada vez que visita México, Dua Lipa aprovecha para explorar algunos de los espacios gastronómicos y culturales más interesantes de la ciudad.

Uno de los lugares que aparece en sus recomendaciones es el emblemático restaurante Contramar, considerado desde hace años uno de los referentes de la gastronomía mexicana contemporánea. Ubicado en la colonia Roma, el establecimiento es famoso por sus pescados, mariscos y su ya legendario pescado a la talla, uno de los platillos más solicitados tanto por locales como por visitantes internacionales.

La cantante también destaca Rosetta, uno de los restaurantes más reconocidos de la ciudad. Encabezado por la chef Elena Reygadas, galardonada como la Mejor Chef Femenina del Mundo en 2023, el lugar se ha convertido en una referencia obligada para quienes buscan una propuesta gastronómica que combina ingredientes mexicanos con técnicas e influencias europeas.

Entre sus recomendaciones figura además Máximo Bistrot, considerado uno de los restaurantes que ayudaron a transformar la escena culinaria de la Ciudad de México durante la última década. El establecimiento del chef

Eduardo García es reconocido por su cocina de temporada basada en ingredientes frescos y productores locales.

Pero la pasión de Dua Lipa por la ciudad no se limita a la alta cocina. La cantante también incluyó espacios más relajados y con una fuerte personalidad urbana. Entre ellos aparece el histórico Salón Covadonga, uno de los sitios más tradicionales de la colonia Roma y punto de encuentro de artistas, escritores y creativos desde hace décadas.

Otro de los espacios mencionados es el bar Hanky Panky, uno de los speakeasies más famosos de la capital. Su concepto inspirado en los bares clandestinos de la época de la prohibición en Estados Unidos lo ha convertido en una de las experiencias nocturnas más buscadas por quienes visitan la ciudad.

La lista también incluye el Café Nin, una de las panaderías y cafeterías más populares de la colonia Juárez, conocida por sus desayunos, panes artesanales y ambiente relajado. El lugar se ha convertido en un favorito tanto para habitantes de la ciudad como para turistas internacionales.

Dua Lipa también recomienda explorar espacios culturales como la Casa Pedregal, la obra maestra arquitectónica diseñada por Luis Barragán, considerada una de las construcciones más importantes de la arquitectura mexicana del siglo XX.

La selección deja ver una faceta distinta de la artista. Más allá de los escenarios y las giras mundiales, muestra a una viajera curiosa interesada en descubrir la esencia de los lugares que visita a través de su gastronomía, su arquitectura y su vida cotidiana.

No es la primera vez que Dua Lipa expresa su admiración por México. Durante sus visitas ha compartido fotografías recorriendo calles de la capital, visitando museos, disfrutando de la comida local y explorando algunos de los barrios más emblemáticos de la ciudad. Esa cercanía con la cultura mexicana ha fortalecido el vínculo con un público que la ha convertido en una de las artistas internacionales más queridas de los últimos años.

Para muchos viajeros, las listas de recomendaciones suelen ser una guía más. Sin embargo, cuando provienen de una de las estrellas más importantes del pop mundial, se convierten también en una invitación a redescubrir una ciudad que continúa consolidándose como uno de los grandes destinos gastronómicos y culturales del planeta.

Y si algo deja claro la selección de Dua Lipa es que la Ciudad de México sigue conquistando a quienes la visitan, ya sea por su música, su historia, sus sabores o esa capacidad única de sorprender en cada esquina.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO

Burger Boy y Tomboy: los reyes olvidados de las hamburguesas en CDMX

Antes de McDonald’s, Burger King o Carl’s Jr., había unas hamburguesas que conquistaron el paladar de los capitalinos: Burger Boy y Tomboy.

Mucho antes de que los combos gigantes, las apps de entrega y las cadenas internacionales dominaran la conversación gastronómica, la Ciudad de México ya tenía sus propios templos de hamburguesas. Lugares donde las familias iban los fines de semana, los adolescentes tenían sus primeras citas y los niños coleccionaban juguetes mientras soñaban con una malteada gigante.

Burger Boy nació en 1968 y rápidamente se convirtió en uno de los primeros grandes fenómenos de comida rápida en México. Su primera sucursal abrió en San Ángel, sobre Insurgentes Sur, en una época donde el concepto de “fast food” todavía era prácticamente nuevo para el público mexicano.

La cadena no solo vendía hamburguesas: creó todo un universo alrededor de ellas. Las famosas “Brontohamburguesas”, nombres como “Brontodoble” o “Dinotriple”, los “loco-popotes” y los juguetes de dinosaurios se volvieron parte de la infancia de miles de capitalinos durante los años 70 y 80.

Además, Burger Boy entendió muy pronto el poder de la publicidad y la cultura pop. Sus comerciales aparecían constantemente en televisión y contaron con figuras como Chabelo y hasta una joven Salma Hayek. La voz del actor Jorge Arvizu “El Tata” también ayudó a convertir sus anuncios en piezas inolvidables para toda una generación.

Pero mientras Burger Boy dominaba buena parte de la ciudad, otra cadena comenzaba a crear su propia leyenda: Tomboy.

Tomboy apareció a principios de los años 70 y se volvió especialmente famosa por su concepto estilo diner estadounidense. Una de sus sucursales más recordadas estaba sobre Insurgentes Sur, frente al Parque Hundido, convirtiéndose en punto de encuentro para jóvenes, familias y amantes de las hamburguesas y las malteadas.

Tomboy tenía algo diferente: una vibra más cercana a los restaurantes norteamericanos clásicos, con servicio al automóvil, luces neón y enormes vasos de malteada que terminaron formando parte del imaginario urbano de la capital. Para muchos capitalinos, ir a Tomboy era casi una experiencia

aspiracional ligada a la modernidad y al estilo de vida estadounidense que comenzaba a influir en México durante esa época.

Durante años, ambas cadenas protagonizaron una especie de “guerra de hamburguesas” muy chilanga. Cada una tenía sus seguidores fieles, sus recetas favoritas y hasta sus sucursales emblemáticas. Era común escuchar discusiones sobre cuál tenía mejores papas, mejores malteadas o la hamburguesa más grande.

Sin embargo, la llegada de las grandes cadenas estadounidenses a mediados de los años 80 cambió por completo el panorama. La apertura del primer McDonald’s en México marcó el inicio de una nueva era para la comida rápida y poco a poco Burger Boy y Tomboy comenzaron a perder terreno frente al poder financiero y publicitario de las franquicias internacionales.

Con el tiempo, muchas sucursales desaparecieron, otras cambiaron de nombre y algunas terminaron convertidas en nuevos restaurantes. Pero el recuerdo permaneció intacto.

Hoy, Burger Boy y Tomboy siguen viviendo en la memoria colectiva de la Ciudad de México como símbolos de una época donde salir por una hamburguesa era mucho más que comer: era parte de la vida social, familiar y cultural de toda una generación de capitalinos.

La pandilla perfecta: los mejores amigos de la hamburguesa

Hay amistades que simplemente nacieron para estar juntas. Lennon y McCartney. Batman y Robin. El cine y las palomitas. Y, por supuesto, la hamburguesa con sus inseparables compañeros de mesa: las papas a la francesa, el refresco, la malteada, los nuggets y hasta el helado de postre.

Porque una hamburguesa sola puede ser deliciosa… pero acompañada se convierte en toda una experiencia.

Todo comienza con ese momento en el que llega la charola o la bandeja a la mesa. En el centro está la protagonista: una hamburguesa jugosa, con queso derritiéndose lentamente, vegetales frescos y un pan suave apenas tostado. Pero alrededor aparece su “pandilla” gastronómica, lista para completar el ritual.

Las primeras en entrar a escena casi siempre son las papas a la francesa. Doradas, crujientes y adictivas, son probablemente la pareja más famosa en la historia de la comida rápida. Hay algo casi perfecto en combinar una mordida de hamburguesa con una papa caliente recién salida de la freidora. Además, las papas tienen personalidad propia: pueden llevar queso, tocino, chile, aderezos, especias o incluso convertirse en versiones curly, gajo o waffle.

Y luego está el refresco. Frío, burbujeante y servido en vaso gigante con mucho hielo. Más que una bebida, funciona como el “reset” oficial del combo. Después del queso, la carne y las salsas, llega ese trago helado que parece preparado exactamente para acompañar cada mordida.

Pero si hablamos de parejas legendarias, la malteada merece un capítulo aparte. Chocolate, vainilla o fresa, las malteadas tienen ese toque retro de los diners estadounidenses de los años 50. Son el compañero elegante de la hamburguesa clásica y todavía hoy conservan esa vibra nostálgica de rockolas, carreteras y neones encendidos.

Claro que en los últimos años aparecieron nuevos integrantes en este universo. Los nuggets, por ejemplo, dejaron de ser “el acompañamiento infantil” para convertirse en protagonistas absolutos de cualquier comida casual. Crujientes por fuera y suaves por dentro, son el complemento perfecto para compartir… aunque todos sabemos que casi siempre terminan desapareciendo antes de llegar a la mitad de la mesa.

Y después de todo eso, aparece el héroe inesperado: el helado. Puede ser un cono sencillo, un sundae con chocolate o un McFlurry lleno de galletas

trituradas, pero cumple una misión importante: cerrar la experiencia con algo dulce. Porque sí, después de una hamburguesa monumental, todavía existe espacio emocional para el postre.

Lo más interesante es que esta combinación se convirtió en parte de la cultura popular mundial. Está en películas, series, conciertos, viajes por carretera, partidos de futbol y reuniones entre amigos. Comer hamburguesas ya no es solamente alimentarse; es una especie de ritual moderno asociado con diversión, antojos y momentos compartidos.

Tal vez por eso las hamburguesas nunca llegan solas. Saben perfectamente que las mejores historias siempre se disfrutan en buena compañía.

Feliz día de la hamburguesa.