Donas Americanas: el sabor que marcó los recreos de toda una generación y que sigue vivo en la Ciudad de México

Antes de que existieran las cafeterías de moda, las aplicaciones de entrega a domicilio o las cadenas internacionales de donas en cada centro comercial, hubo una marca que conquistó a miles de capitalinos con una fórmula mucho más sencilla: una caja llena de donas recién hechas.

Para quienes crecieron en la Ciudad de México durante las décadas de los ochenta y noventa, el nombre Donas Americanas evoca de inmediato una serie de recuerdos que forman parte de la vida cotidiana de toda una generación. El recreo en la primaria, la cooperativa escolar, la junta de oficina, la celebración improvisada de cumpleaños o la visita de alguien que llegaba con una caja de donas para compartir.

Era una época en la que la ciudad tenía otros ritmos y otros sabores. En los patios de las escuelas, muchos estudiantes esperaban la hora del descanso para comprar una dona cubierta de chocolate, maple o coco. En las oficinas, las cajas aparecían sobre las mesas de juntas para acompañar el café de media mañana. En las casas, eran el detalle perfecto para una reunión familiar de domingo.

A diferencia de muchas marcas que dependían de grandes tiendas o franquicias, Donas Americanas construyó su popularidad a través de la distribución directa. Sus camionetas recorrían colonias, escuelas, negocios y centros de trabajo llevando sus productos prácticamente a cualquier rincón de la ciudad.

Por eso, para miles de personas, el recuerdo de la marca no está ligado a una sucursal específica, sino a la llegada de aquellas unidades de reparto que parecían aparecer justo en el momento indicado.

Fundada en 1980, la empresa logró convertirse en parte del paisaje urbano de la capital mexicana. Mientras desaparecían muchas marcas emblemáticas de aquellos años, Donas Americanas logró mantenerse vigente gracias a una combinación de tradición, calidad y una receta que ha permanecido prácticamente intacta durante más de cuatro décadas.

Donas Americanas sigue operando actualmente en la Ciudad de México y el área metropolitana. La compañía continúa produciendo y distribuyendo miles de piezas diariamente, manteniendo vivo un negocio que para muchos forma parte de la memoria emocional de la ciudad.

En tiempos donde la nostalgia se ha convertido en una poderosa herramienta cultural, la permanencia de Donas Americanas resulta particularmente significativa. No se trata solamente de una empresa que ha sobrevivido al paso del tiempo; se trata de una marca que ha logrado conservar una conexión emocional con varias generaciones de consumidores.

Los niños que compraban una dona durante el recreo en los años ochenta hoy son padres e incluso abuelos. Muchos de ellos siguen reconociendo los mismos sabores que los acompañaron durante su infancia y continúan compartiéndolos con nuevas generaciones.

En el marco del Día de la Dona, que se celebra cada primer viernes de junio, pocas historias representan mejor la relación entre gastronomía y memoria colectiva que la de Donas Americanas. Una empresa mexicana que sobrevivió a los cambios de la ciudad, a las nuevas tendencias de consumo y a la llegada de competidores internacionales.

Porque a veces un simple antojo puede convertirse en un recuerdo imborrable.

Y para miles de capitalinos, basta con ver una dona cubierta de chocolate para regresar, aunque sea por un instante, a aquellos recreos escolares, a las oficinas de otra época o a las tardes familiares en una Ciudad de México que sigue viva en la memoria.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO.

El Día de la Dona: la dulce historia detrás de uno de los postres más populares del mundo

Cada primer viernes de junio, millones de personas alrededor del mundo celebran el Día de la Dona, una fecha dedicada a uno de los antojos más irresistibles de la gastronomía moderna. Aunque hoy está asociada con promociones, sabores extravagantes y vitrinas llenas de glaseados coloridos, la historia de esta celebración tiene un origen mucho más profundo y emotivo de lo que muchos imaginan.

Este 2026, el Día de la Dona se celebra el 5 de junio y representa una oportunidad perfecta para rendir homenaje a un alimento que ha trascendido generaciones, culturas y fronteras.

Una historia que comenzó en tiempos de guerra

La celebración nació oficialmente en 1938 gracias a la organización benéfica The Salvation Army, que buscaba reconocer el trabajo de las llamadas “Donut Lassies”, un grupo de mujeres voluntarias que durante la Primera Guerra Mundial ofrecían apoyo a los soldados estadounidenses destacados en Francia.

Además de brindar ayuda emocional y compañía a los jóvenes combatientes, estas voluntarias preparaban café y donas para levantar la moral de las tropas. Debido a las limitaciones de recursos en los frentes de batalla, muchas veces las donas eran elaboradas en improvisadas cocinas de campaña.

Con el paso del tiempo, aquellas mujeres se convirtieron en un símbolo de solidaridad y esperanza. Décadas después, la creación del Día Nacional de la Dona buscó preservar su legado y recordar la importancia de su labor humanitaria.

Mucho más antigua de lo que parece

Aunque la dona suele asociarse inmediatamente con Estados Unidos, sus raíces se encuentran en Europa.

Los historiadores gastronómicos coinciden en que sus antecedentes más directos son los “olykoeks”, una especie de pastel frito preparado por inmigrantes holandeses que llegaron a Norteamérica durante los siglos XVII y XVIII.

Aquellas primeras versiones no tenían agujero en el centro. Eran masas redondas fritas en aceite que solían rellenarse con frutas o nueces.

La leyenda más popular cuenta que el característico agujero fue introducido en 1847 por un marinero llamado Hanson Gregory, quien buscaba una forma de lograr una cocción más uniforme de la masa. Aunque existen varias teorías sobre el origen exacto, lo cierto es que aquella modificación terminó convirtiéndose en el sello distintivo de la dona moderna.

La conquista del mundo

Durante el siglo XX, la popularidad de las donas creció de manera exponencial gracias a la industrialización de su producción y al surgimiento de grandes cadenas especializadas.

Lo que comenzó como un sencillo pan dulce terminó transformándose en un fenómeno global con miles de variantes.

Actualmente es posible encontrar donas cubiertas de chocolate, caramelo, maple, crema de cacahuate, galleta triturada, tocino, frutas, rellenos de crema pastelera, cajeta, dulce de leche o incluso versiones gourmet elaboradas por reconocidos chefs.

En países como Japón, Corea del Sur y Francia se han desarrollado interpretaciones locales que mezclan ingredientes tradicionales con la receta clásica estadounidense.

México y su amor por las donas

En México, las donas se han convertido en parte habitual de la cultura gastronómica urbana. Desde las panaderías de barrio hasta las cadenas internacionales, este postre forma parte del desayuno, la merienda o el antojo de media tarde de millones de personas.

Además de las versiones tradicionales cubiertas de azúcar o chocolate, las panaderías mexicanas han desarrollado propuestas propias con ingredientes como cajeta, chocolate artesanal, canela, café, rompope e incluso sabores inspirados en dulces típicos nacionales.

Las nuevas generaciones también han impulsado una auténtica revolución creativa, dando origen a establecimientos especializados que elaboran donas artesanales con ingredientes premium y diseños que muchas veces parecen auténticas obras de arte comestibles.

Un ícono de la cultura popular

La dona también ha encontrado un lugar privilegiado dentro del cine, la televisión y la cultura pop.

Personajes como Homer Simpson ayudaron a convertirla en un símbolo universal del placer culinario. Su famosa obsesión por las donas rosas con chispas de colores es reconocida prácticamente en cualquier rincón del planeta.

Además, la dona ha aparecido en innumerables películas, series, videojuegos y campañas publicitarias, consolidando su imagen como uno de los postres más populares y reconocibles del mundo.

Más que un simple postre

Detrás de cada dona existe una historia que combina tradición, inmigración, creatividad culinaria y hasta episodios de solidaridad en tiempos de guerra.

Por ello, el Día de la Dona es mucho más que una excusa para disfrutar un antojo dulce. También es una oportunidad para recordar cómo un alimento sencillo logró acompañar a soldados en momentos difíciles, evolucionó a través de distintas culturas y terminó convirtiéndose en un fenómeno gastronómico global.

Este 5 de junio, ya sea con una clásica dona glaseada, una rellena de crema o una sofisticada versión gourmet, millones de personas volverán a celebrar un pequeño placer que, generación tras generación, sigue conquistando paladares alrededor del mundo.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO