Experiencias gastronómicas: comer ya no es solo comer

La manera de sentarse a la mesa está viviendo una transformación profunda. Hoy, la gastronomía ha dejado de centrarse únicamente en el sabor para convertirse en una experiencia integral donde intervienen los sentidos, la emoción y la narrativa. Comer ya no es solo alimentarse… es vivir un momento.

En este nuevo contexto, restaurantes y chefs están diseñando propuestas donde cada detalle cuenta: desde la iluminación y la música hasta la forma en que se presenta un platillo o se cuenta su historia.

El plato como punto de partida

En las experiencias gastronómicas contemporáneas, el alimento sigue siendo el protagonista, pero ya no es el único elemento. Es el punto de partida de una puesta en escena más amplia.

El entorno, el servicio, la ambientación y la interacción con el comensal se integran para construir una experiencia coherente, donde cada elemento tiene un propósito.Gastronomía multisensorial: activar todos los sentidos

Uno de los grandes ejes de esta tendencia es la estimulación sensorial. La vista, el oído, el olfato e incluso el tacto se convierten en parte del recorrido.

La iluminación puede cambiar para acompañar cada tiempo del menú, los sonidos se sincronizan con la experiencia y los aromas se integran para intensificar la percepción del sabor.

En algunos casos, la tecnología juega un papel clave: proyecciones, mapping o espacios interactivos transforman el entorno en tiempo real, llevando al comensal a distintos escenarios sin moverse de su lugar.

La narrativa: cuando cada platillo cuenta una historia

Cada vez más propuestas gastronómicas construyen un relato. El menú deja de ser una lista para convertirse en una secuencia narrativa.

Un platillo puede representar una región, una temporada, un recuerdo o una emoción. El comensal no solo prueba… interpreta.

Este enfoque genera una conexión más profunda, donde la experiencia trasciende lo físico y se vuelve emocional.

El chef como director creativo

En este nuevo panorama, el chef asume un rol más amplio. Ya no solo cocina: dirige, conceptualiza y crea experiencias.

Su trabajo incluye pensar en la experiencia completa: cómo llega el platillo a la mesa, qué sensación genera, cómo se integra con el resto del menú y cómo dialoga con el espacio.

La cocina se acerca así a disciplinas como el arte, el diseño y el espectáculo.

Maridajes que construyen la experiencia

El acompañamiento de bebidas también evoluciona. El maridaje ya no se limita al vino; incluye coctelería de autor, infusiones, fermentados o propuestas sin alcohol que enriquecen cada momento.

Cada bebida se selecciona para potenciar sabores, pero también para aportar a la narrativa de la experiencia.

Espacios que cuentan historias

El diseño de los restaurantes se convierte en un elemento clave. Hay espacios que simulan entornos naturales, otros que juegan con la oscuridad, y algunos más que integran tecnología para crear ambientes cambiantes.

La arquitectura, el mobiliario y la iluminación se convierten en parte del lenguaje gastronómico.

Comer como experiencia social y emocional

En un mundo acelerado, estas propuestas responden a la necesidad de detenerse y vivir el momento. Comer se transforma en un acto de conexión: con quienes nos acompañan, con el entorno y con nosotros mismos.

Las experiencias gastronómicas no solo alimentan el cuerpo, también generan recuerdos.

Una tendencia que redefine el futuro

La evolución de la gastronomía hacia experiencias inmersivas refleja un cambio en el consumidor. Hoy se buscan vivencias que sorprendan, que emocionen y que sean compartibles.

La cocina se expande más allá de sus límites tradicionales y se convierte en un espacio donde convergen tecnología, creatividad y emoción.

El sabor como inicio de algo más

Hoy, sentarse a la mesa es abrir la puerta a una experiencia que va mucho más allá del plato.

Porque en esta nueva forma de entender la gastronomía, el sabor sigue siendo esencial… pero es solo el comienzo de un viaje que se vive con todos los sentidos.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANC

Turismo gastronómico: viajar a través del sabor

En la actualidad, viajar ya no se trata solo de conocer nuevos lugares… sino de vivirlos. Y en ese proceso, la gastronomía se ha convertido en uno de los principales motores del turismo. Hoy, cada vez más viajeros eligen su destino por lo que se come, por lo que se produce y por las historias que se cuentan alrededor de la mesa.

El turismo gastronómico es, en esencia, una forma de descubrir el mundo a través del sabor.

El destino también se elige por el paladar

Cada ciudad, cada región y cada país tiene una identidad culinaria que lo define. Desde mercados tradicionales hasta restaurantes de alta cocina, la oferta gastronómica se convierte en una carta de presentación cultural.

Así, destinos como Oaxaca, Lima o Bangkok han ganado relevancia internacional gracias a su riqueza culinaria, atrayendo a viajeros que buscan experiencias auténticas.

Comer como forma de entender la cultura

La gastronomía permite conocer la historia de un lugar. Cada ingrediente, cada receta y cada técnica reflejan tradiciones, influencias y formas de vida.

Probar un platillo típico no es solo una experiencia sensorial, es una forma de entender el contexto social y cultural de una región.

Mercados, calles y mesas: el recorrido completo

El turismo gastronómico no se limita a restaurantes. Incluye mercados, ferias, festivales y experiencias callejeras donde la comida se vive de manera más cercana.

Recorrer un mercado local, probar comida callejera o participar en una degustación se convierte en parte fundamental del viaje.

Experiencias que conectan

Cada vez más destinos ofrecen experiencias diseñadas alrededor de la gastronomía: rutas del vino, recorridos culinarios, clases de cocina o visitas a productores locales.

Estas actividades permiten al viajero involucrarse activamente, generando una conexión más profunda con el lugar.

Un motor económico y cultural

La gastronomía no solo atrae turistas, también impulsa economías locales. Restaurantes, productores, mercados y toda la cadena alimentaria se benefician de este tipo de turismo.

Además, contribuye a preservar tradiciones y a mantener vivas técnicas culinarias que forman parte del patrimonio cultural.

El viajero busca autenticidad

En un mundo cada vez más globalizado, los viajeros valoran lo auténtico. Buscan sabores originales, experiencias reales y propuestas que reflejen la identidad del destino.

La gastronomía se convierte así en un elemento diferenciador.

Viajar con todos los sentidos

El turismo gastronómico invita a recorrer el mundo de una forma distinta: probando, oliendo, observando y compartiendo.

Porque al final, los recuerdos de un viaje no solo están en las fotos… también están en los sabores que descubrimos.

Y en ese recorrido, cada platillo se convierte en una historia, cada ingrediente en un origen… y cada destino en una experiencia que se queda para siempre.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO

Menú cero desperdicio: la cocina del futuro

En un mundo donde el desperdicio de alimentos se ha convertido en uno de los grandes retos globales, la gastronomía responde con una propuesta que redefine la forma de cocinar: el menú cero desperdicio, también conocido como zero waste.

Más que una tendencia, se trata de una filosofía que busca aprovechar al máximo cada ingrediente, reducir residuos y transformar la cocina en un espacio más consciente y responsable.

Cocinar sin desperdiciar

El principio es simple, pero poderoso: utilizar el 100% de los ingredientes. En este modelo, lo que antes se consideraba desecho —cáscaras, tallos, semillas o recortes— se convierte en parte fundamental de nuevas preparaciones.

Caldos, salsas, fermentos, infusiones o guarniciones nacen de elementos que antes no se utilizaban, demostrando que la creatividad puede transformar cualquier ingrediente.

Creatividad que redefine la cocina

Lejos de limitar, el enfoque cero desperdicio impulsa la innovación. Los chefs exploran nuevas técnicas y formas de trabajar los alimentos, encontrando valor en cada parte del producto.

Esto da lugar a propuestas únicas, donde el aprovechamiento total se convierte en un sello de identidad.

Una respuesta a un problema global

El desperdicio de alimentos representa un impacto significativo a nivel ambiental y económico. Reducirlo no solo implica una mejor gestión de recursos, también una forma de contribuir a la sostenibilidad del planeta.

En este contexto, la cocina se convierte en una herramienta de cambio.

Del restaurante al hogar

Aunque muchos restaurantes han adoptado este modelo, la filosofía cero desperdicio también puede aplicarse en la vida cotidiana.

Planificar compras, reutilizar ingredientes y aprovechar sobras son acciones simples que generan un impacto positivo cuando se integran en la rutina.

Sostenibilidad que se construye desde la cocina

El menú cero desperdicio forma parte de un movimiento más amplio que busca una gastronomía más consciente. Se conecta con el uso de ingredientes locales, la reducción del impacto ambiental y el respeto por los ciclos naturales.

Es una forma de cocinar que mira hacia el futuro sin perder de vista la responsabilidad.

El valor de cada ingrediente

Este enfoque también invita a cambiar la percepción sobre los alimentos. Cada ingrediente tiene un valor que va más allá de su uso tradicional.

Aprovecharlo por completo no solo es una decisión práctica, también es una forma de respeto hacia los recursos y hacia quienes participan en su producción.

La cocina como agente de cambio

La gastronomía siempre ha evolucionado, adaptándose a su tiempo. Hoy, el desafío es claro: cocinar mejor, con mayor conciencia y menor impacto.

El menú cero desperdicio representa una de las respuestas más claras a este reto.

Porque en la cocina del futuro, nada se pierde… todo se transforma.

Bebidas con identidad: mixología sostenible

La sostenibilidad ya no solo está en la cocina… también ha llegado a la barra. En los últimos años, la mixología ha evolucionado hacia un enfoque más consciente, donde cada ingrediente, cada proceso y cada decisión buscan reducir el impacto ambiental sin sacrificar creatividad ni sabor.

Así nace la mixología sostenible: una tendencia que transforma la forma de preparar y disfrutar las bebidas.

Más allá del cóctel

La mixología sostenible no se limita a crear bebidas atractivas. Implica repensar todo el proceso: desde el origen de los ingredientes hasta la forma en que se sirven.

Se priorizan productos locales, de temporada y, en muchos casos, orgánicos. Esto no solo mejora la calidad del cóctel, también reduce la huella de carbono asociada al transporte y producción.

Ingredientes con historia

Uno de los pilares de esta tendencia es la identidad. Los bartenders buscan ingredientes que representen su entorno: frutas locales, hierbas regionales, destilados artesanales o incluso insumos poco convencionales.

El resultado son bebidas que cuentan una historia, que conectan con el territorio y que ofrecen una experiencia más auténtica.

Cero desperdicio detrás de la barra

Al igual que en la cocina, el enfoque zero waste se vuelve fundamental. Cáscaras de frutas, pulpas, semillas y restos de ingredientes se reutilizan para crear jarabes, bitters, infusiones o decoraciones.

Esto no solo reduce residuos, también abre nuevas posibilidades creativas.

Técnica, creatividad y conciencia

La mixología sostenible combina técnica y creatividad con responsabilidad. Fermentaciones, maceraciones, destilaciones caseras y procesos artesanales permiten desarrollar perfiles de sabor únicos.

Cada bebida se convierte en una propuesta pensada, donde nada es casual.

Experiencias que se beben

Hoy, el cóctel también forma parte de la experiencia gastronómica. La presentación, el aroma, la temperatura y el contexto influyen en la percepción.

Algunos bares incluso diseñan cartas completas bajo el concepto sostenible, integrando narrativa, ingredientes locales y procesos responsables.

Una tendencia que redefine la barra

La evolución de la mixología refleja un cambio en el consumidor: mayor interés por lo natural, lo auténtico y lo consciente.

Beber deja de ser solo un acto social para convertirse en una experiencia que también comunica valores.

El futuro en cada copa

La mixología sostenible demuestra que es posible innovar sin perder de vista el entorno. Que la creatividad puede ir de la mano con la responsabilidad.

Porque en esta nueva forma de entender las bebidas, cada cóctel no solo se disfruta… también se piensa.

Y en ese equilibrio entre sabor, identidad y conciencia, la barra se convierte en un espacio donde el futuro ya se está sirviendo.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO

Guadalajara se consolida como capital gastronómica y será sede de la ceremonia de la Guía Michelin en México

La escena culinaria mexicana vive un momento clave, y en el centro de esta transformación se encuentra Guadalajara. La ciudad ha sido elegida como sede de la ceremonia de la Guía Michelin en México, un reconocimiento que confirma su creciente relevancia dentro del mapa gastronómico global.

Más que un evento, esta designación representa la consolidación de una escena que ha evolucionado en los últimos años, combinando tradición, innovación y una identidad culinaria cada vez más sólida.

Un reconocimiento con impacto internacional

La llegada de la Guía Michelin a Jalisco forma parte de una expansión importante en el país, que incluye también a otros estados como Puebla y Yucatán. Con ello, México amplía su presencia dentro de uno de los sistemas de evaluación gastronómica más influyentes del mundo.

Los inspectores de la guía ya recorren restaurantes de la región, evaluando aspectos como la calidad de los ingredientes, la técnica, la creatividad y la consistencia, elementos que definen la excelencia culinaria a nivel internacional.

Tradición e innovación en un mismo plato

Uno de los grandes valores de Guadalajara es su diversidad gastronómica. La ciudad es capaz de ofrecer desde sabores profundamente tradicionales —como la birria o la torta ahogada— hasta propuestas contemporáneas que reinterpretan la cocina mexicana con una visión actual.

Esta convivencia entre lo clásico y lo moderno ha permitido que su oferta culinaria evolucione sin perder identidad, posicionándola como un destino atractivo tanto para el público local como para viajeros internacionales.

Un impulso para el turismo gastronómico

La designación como sede de la ceremonia Michelin no solo impacta en la industria restaurantera, también representa una oportunidad estratégica para el turismo.

Este tipo de eventos suele atraer visitantes de alto perfil, generar mayor visibilidad internacional y elevar los estándares de calidad en toda la cadena de valor gastronómica.

En un momento donde los viajeros buscan experiencias auténticas, la cocina se convierte en uno de los principales motivos para elegir destino.

Talento local con proyección global

Guadalajara cuenta con una generación de chefs y proyectos culinarios que han comenzado a destacar dentro y fuera del país. Restaurantes de autor, conceptos innovadores y espacios que apuestan por la calidad han contribuido a construir una escena dinámica y en constante crecimiento.

Este talento ha sido clave para que la ciudad entre en el radar de la Guía Michelin, consolidando su presencia en el ámbito internacional.

Una ciudad que se redefine a través del sabor

El nombramiento de Guadalajara como sede de esta ceremonia no es casualidad. Es el resultado de años de trabajo, evolución y pasión por la gastronomía.

Hoy, la ciudad no solo alimenta… comunica, interpreta y celebra su cultura a través de cada platillo.

El sabor como identidad

En un mundo donde viajar también significa descubrir nuevas experiencias, Guadalajara se posiciona como un destino donde la cocina es protagonista.

Porque aquí, cada receta cuenta una historia, cada ingrediente refleja una tradición… y cada mesa se convierte en una invitación a descubrir el verdadero sabor de México.

Gastronomía sostenible: la nueva forma de entender lo que comemos

En un momento donde la conciencia ambiental y el consumo responsable marcan la pauta, la gastronomía sostenible se posiciona como una de las transformaciones más relevantes en el mundo culinario. Más que una tendencia, se trata de una nueva manera de entender la relación entre los alimentos, el entorno y la sociedad.

Este enfoque propone mirar más allá del plato. Implica considerar todo el proceso: desde el origen de los ingredientes hasta su impacto en el medio ambiente, pasando por la forma en que se producen, se transportan y se consumen.

Una cocina que piensa en el planeta

La gastronomía sostenible busca reducir la huella ambiental de lo que comemos. Para ello, promueve el uso de productos locales y de temporada, cultivados bajo prácticas responsables que respetan los ciclos naturales.

Elegir ingredientes cercanos no solo garantiza mayor frescura, también reduce el impacto del transporte y favorece a los productores de la región.

Del campo a la mesa: una cadena consciente

Cada alimento tiene una historia. Desde quien lo cultiva hasta quien lo cocina, existe una cadena que puede ser más justa y equilibrada.

Este modelo impulsa el comercio local, fortalece economías regionales y promueve prácticas agrícolas que cuidan la biodiversidad. Así, la cocina se convierte también en una herramienta de impacto social.

Menos desperdicio, más creatividad

Uno de los pilares de la gastronomía sostenible es la reducción del desperdicio. En este contexto, la cocina se vuelve más creativa: se aprovechan al máximo los ingredientes, se reutilizan elementos que antes se desechaban y se diseñan menús más eficientes.

El resultado no solo es una cocina más responsable, sino también más innovadora.

Salud, cultura y equilibrio

Este enfoque también tiene un impacto directo en la salud. Apostar por alimentos frescos, menos procesados y más naturales contribuye a una dieta más equilibrada.

Al mismo tiempo, rescata tradiciones culinarias y pone en valor la identidad de cada región, integrando lo local con una visión contemporánea.

Una tendencia que transforma hábitos

La gastronomía sostenible ya no es exclusiva de restaurantes especializados. Cada vez más personas adoptan este enfoque en su vida diaria, desde elegir productos de temporada hasta modificar sus hábitos de consumo.

Pequeñas decisiones que, sumadas, generan un cambio significativo.

Comer también es una elección

Hoy, cada elección en la mesa tiene un impacto. La gastronomía sostenible nos invita a reflexionar sobre lo que consumimos, de dónde viene y cómo influye en el entorno.

Porque comer no es solo satisfacer una necesidad… es una forma de participar activamente en el futuro del planeta.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO

Restaurantes “farm to table”: del huerto directo al plato

En un momento donde la gastronomía evoluciona hacia prácticas más conscientes, surge una tendencia que redefine la relación entre la cocina y el origen de los alimentos: el concepto farm to table. Más que una corriente culinaria, se trata de una filosofía que apuesta por la frescura, la trazabilidad y el respeto por los ingredientes.

Este modelo propone algo esencial: reducir la distancia entre lo que se cultiva y lo que llega al plato.

Del campo a la cocina… sin intermediarios

El principio es claro: utilizar ingredientes cultivados localmente, muchas veces en huertos propios o en colaboración directa con productores cercanos. Esto no solo garantiza frescura, también permite conocer el origen exacto de cada elemento.

En estos restaurantes, los menús no son estáticos. Cambian según la temporada, la cosecha y la disponibilidad de los ingredientes, lo que convierte cada visita en una experiencia distinta.

La frescura como protagonista

Cuando los ingredientes recorren pocos kilómetros —o incluso solo unos pasos— el resultado se percibe en el sabor. Verduras recién cortadas, hierbas aromáticas vivas y productos sin procesos industriales elevan la calidad de cada platillo.

La cocina se vuelve más honesta, donde el ingrediente no necesita ocultarse detrás de técnicas complejas, sino que se expresa por sí mismo.

Una relación directa con la tierra

El modelo farm to table también implica una conexión más profunda con la naturaleza. Los chefs trabajan de la mano con agricultores o incluso se involucran en el cultivo, entendiendo los ciclos, las temporadas y el comportamiento de cada ingrediente.

Esto no solo enriquece la propuesta culinaria, también fortalece las economías locales y promueve prácticas agrícolas responsables.

Sostenibilidad que se saborea

Uno de los grandes pilares de esta tendencia es la sostenibilidad. Al reducir el transporte de alimentos, se disminuye la huella de carbono. Además, se fomenta el consumo responsable y se evita el desperdicio, ya que los ingredientes se utilizan en su punto óptimo.

El resultado es una cocina que no solo se disfruta, también se alinea con una visión más consciente del mundo.

Creatividad guiada por la naturaleza

En este tipo de restaurantes, la creatividad nace del entorno. El menú no se impone al ingrediente, es el ingrediente quien dicta la propuesta.

Esto lleva a los chefs a explorar nuevas combinaciones, reinterpretar recetas tradicionales y construir experiencias únicas a partir de lo que ofrece cada temporada.

Una experiencia que va más allá del plato

Visitar un restaurante farm to table no es solo salir a comer. Es entender el proceso, conectar con el origen de los alimentos y vivir una experiencia más completa.

Algunos espacios incluso integran recorridos por huertos, experiencias de cosecha o interacción directa con los productores, llevando al comensal a formar parte de la historia detrás del platillo.

El futuro de la gastronomía

En un mundo donde los consumidores buscan transparencia, calidad y responsabilidad, el modelo farm to table se posiciona como una de las rutas más sólidas para el futuro de la cocina.

Porque hoy, más que nunca, saber de dónde viene lo que comemos no es un detalle… es parte esencial de la experiencia.

Y en ese camino, el huerto deja de ser el inicio del proceso… para convertirse en el corazón mismo de la cocina.

Destinos perfectos para Instagram… pero sin multitudes: el lujo de viajar sin filtros

En la era de las redes sociales, viajar se ha convertido en una experiencia que comienza mucho antes de hacer la maleta. Una imagen puede detonar el deseo de conocer un lugar… pero también puede distorsionar la realidad. Mientras algunos destinos viven saturados por su viralidad, otros —igual de espectaculares— permanecen fuera del radar masivo.

Hoy, el verdadero hallazgo no es el lugar más fotografiado… sino el que todavía se siente auténtico. Aquí una selección de destinos que combinan impacto visual, experiencia real y algo cada vez más escaso: espacio.

Bacalar, México

Ubicado al sur de Quintana Roo, Bacalar es un destino que ha ido creciendo, pero que aún conserva una esencia tranquila. Su gran protagonista es la laguna conocida como “de los Siete Colores”, donde los distintos tonos de azul se deben a las variaciones de profundidad y composición del fondo.

A diferencia de los destinos tradicionales del Caribe, aquí no hay grandes cadenas hoteleras dominando el paisaje. La experiencia es más pausada: paseos en kayak, recorridos en lancha por cenotes abiertos dentro de la laguna, y largas tardes en muelles de madera.

Uno de sus mayores atractivos visuales son los amaneceres, cuando el agua está completamente calma y refleja el cielo como un espejo. Es un destino ideal para quienes buscan contenido natural, limpio y sin saturación.

Holbox, México

La isla de Holbox ha logrado mantenerse como un refugio de calma frente al desarrollo acelerado de otros puntos del Caribe mexicano. Aquí no hay calles pavimentadas, lo que le da un carácter relajado y casi atemporal.

Visualmente, Holbox ofrece una combinación muy atractiva: arte urbano en sus muros, playas amplias y una luz suave que favorece la fotografía en cualquier momento del día. Pero su mayor diferencial está en sus fenómenos naturales.

Durante ciertas temporadas, es posible presenciar bioluminiscencia en el mar, un espectáculo donde el agua se ilumina con pequeños destellos al

moverse. Además, la presencia de flamencos y la posibilidad de nadar con tiburón ballena (en temporada) añaden un valor único al destino.

Valle de Cocora, Colombia

En la región cafetera de Colombia se encuentra uno de los paisajes más sorprendentes de América Latina. El Valle de Cocora es famoso por sus palmas de cera, que pueden alcanzar hasta 60 metros de altura, convirtiéndolas en las más altas del mundo.

El entorno suele estar cubierto por neblina, lo que genera una atmósfera casi cinematográfica. Este elemento natural hace que cada fotografía tenga un aire misterioso y distinto.

El recorrido principal se hace a pie, atravesando senderos, puentes colgantes y zonas boscosas. No es un destino de consumo rápido, sino de contemplación, lo que lo mantiene relativamente fuera de la saturación turística global.

Landmannalaugar, Islandia

En las tierras altas de Islandia, Landmannalaugar es uno de los paisajes más únicos del planeta. Sus montañas de colores —resultado de la actividad volcánica— crean una combinación de tonos rojizos, verdes, amarillos y ocres que parecen irreales.

El acceso es complicado, ya que solo se puede llegar en vehículos especiales durante ciertas épocas del año. Esto limita el flujo de visitantes y preserva su carácter casi intacto.

Además de su valor visual, el lugar ofrece aguas termales naturales en medio de este paisaje volcánico, lo que añade una experiencia sensorial completa.

Wadi Rum, Jordania

Conocido como el “Valle de la Luna”, Wadi Rum es un desierto de tonos rojizos y formaciones rocosas monumentales que han servido como escenario para múltiples producciones cinematográficas.

Su mayor atractivo visual está en la luz: al amanecer y al atardecer, el desierto cambia de tonalidad, creando contrastes intensos que resultan ideales para fotografía.

La experiencia suele incluir recorridos en vehículo por el desierto, caminatas y estancias en campamentos beduinos. Durante la noche, el cielo estrellado —libre de contaminación lumínica— se convierte en uno de sus mayores espectáculos.

Azores, Portugal

Este archipiélago en medio del Atlántico es uno de los secretos mejor guardados de Europa. Su origen volcánico ha dado forma a paisajes donde conviven lagos dentro de cráteres, cascadas, acantilados y una vegetación exuberante.

A diferencia de otros destinos europeos, aquí el turismo es más controlado y menos masivo. Esto permite disfrutar de rutas de senderismo, miradores naturales y experiencias al aire libre con mayor tranquilidad.

Las islas, especialmente São Miguel, ofrecen una estética muy particular: verdes intensos, caminos rodeados de flores y escenarios que parecen sacados de una pintura.

Huasteca Potosina, México

En San Luis Potosí, la Huasteca es uno de los destinos naturales más impactantes del país. Su principal atractivo son sus cascadas de agua turquesa, como Tamul o Micos, que destacan por su color y fuerza.

El entorno combina selva, ríos y formaciones naturales que permiten actividades como rafting, saltos de agua y exploración de cuevas.

A pesar de su belleza, sigue siendo un destino relativamente poco explotado a nivel internacional, lo que permite vivir una experiencia más auténtica y cercana.

Isla de Flores, Guatemala

La Isla de Flores es un destino pequeño en tamaño, pero enorme en carácter visual. Ubicada en el lago Petén Itzá, esta isla destaca por sus casas de colores, calles estrechas y una atmósfera tranquila que invita a recorrerla sin prisa.

Uno de sus mayores atractivos son los atardeceres, cuando el cielo se refleja sobre el lago creando composiciones naturales ideales para fotografía.

Además, su cercanía con Tikal permite complementar la experiencia con una de las zonas arqueológicas más importantes del mundo maya.

Es un destino que combina historia, paisaje y autenticidad en un solo lugar.

Dolomitas (Italia, zonas menos conocidas)

Las Dolomitas son famosas, pero aún esconden rincones poco explorados. Más allá de los puntos turísticos tradicionales, existen valles, lagos alpinos y rutas de montaña donde la afluencia es mucho menor.

Estos espacios ofrecen paisajes de gran impacto: picos escarpados, praderas abiertas y reflejos en lagos que crean escenas perfectas para fotografía de naturaleza.

El acceso a estas zonas suele requerir planeación, lo que limita el turismo masivo y mantiene su carácter exclusivo.

Riviera Albanesa

Albania se ha convertido en uno de los destinos emergentes más interesantes de Europa. Su costa ofrece playas de aguas cristalinas comparables con las de Grecia, pero con menor saturación y costos más accesibles.

Lugares como Ksamil o Himarë destacan por sus tonos turquesa, pequeñas islas cercanas y una sensación constante de descubrimiento.

Aún fuera del circuito turístico tradicional, la Riviera Albanesa representa una oportunidad para quienes buscan paisajes espectaculares sin las multitudes habituales.

El verdadero lujo hoy

En un mundo donde todo parece haber sido descubierto y compartido, estos destinos representan una nueva forma de viajar.

Aquí no se trata de replicar una foto… sino de encontrar una propia. No de seguir tendencias… sino de adelantarse a ellas.

Porque hoy, el mejor destino para Instagram no es el más famoso… es el que todavía se siente tuyo.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO

ABRIL 2026

Cuaresma en CDMX: dónde disfrutar los platillos tradicionales

La temporada de Cuaresma transforma la oferta gastronómica de la Ciudad de México en una verdadera celebración de sabores. Más allá de la vigilia, es el momento ideal para redescubrir platillos como los romeritos, el pescado a la veracruzana, las tortitas de camarón y la tradicional capirotada, todos con un sello profundamente mexicano.

En la capital, esta tradición se vive también en restaurantes que han sabido preservar y reinterpretar estas recetas.

Sabores tradicionales con esencia mexicana

Para quienes buscan el sabor más auténtico, existen opciones imperdibles:

  • Nicos Un clásico de la cocina mexicana donde los romeritos, el bacalao y la capirotada se preparan con recetas tradicionales.
  • Testal Cocina mexicana con un enfoque contemporáneo, ideal para probar guisos de vigilia con gran calidad.
  • Fonda Margarita Una experiencia más casual y auténtica, perfecta para disfrutar platillos caseros de temporada.

El protagonismo del mar

  • Durante la Cuaresma, los pescados y mariscos se vuelven los grandes protagonistas:
  • Contramar Famoso por su pescado a la talla, es uno de los lugares más representativos de la cocina de mar en la ciudad.
  • Fisher’s Una opción moderna con amplia variedad de mariscos, tostadas y especialidades del mar.
  • Don Capitán Ideal para una experiencia relajada con sabor a costa, destacando el pozole de camarón y pescados al carbón.

El toque dulce de la temporada

La Cuaresma también tiene su lado dulce, y la capirotada es su máxima expresión. Puedes encontrarla en lugares como Nicos y Fonda Margarita, donde se mantiene fiel a la receta tradicional.

Una experiencia que se disfruta en la mesa

Recorrer la Ciudad de México durante la Cuaresma es una forma de viajar a través de sus sabores. Cada restaurante ofrece una interpretación distinta de una tradición que sigue viva en la cocina mexicana.

Porque en la CDMX, la Cuaresma no solo se respeta… se convierte en una experiencia gastronómica que vale la pena vivir.

MARIA SOLEDAD GUIJOSA VIVANCO.

“Taste of Time”: Clase Azul redefine el lujo sensorial en Casa de los Leones

En el corazón de Polanco, donde la arquitectura dialoga con el estilo de vida contemporáneo, Clase Azul presentó una de sus experiencias más refinadas hasta ahora: “Taste of Time”, una visita privada y cata guiada en la Casa de los Leones, su enclave cultural en la Ciudad de México.

Más que un evento, se trató de una inmersión en el tiempo, el origen y la identidad mexicana, articulada a través del diseño, la hospitalidad y el arte del destilado.

El espacio: donde el diseño resguarda la experiencia

Ubicada en Luis G. Urbina 104, Casa de los Leones se presenta como un espacio íntimo y cuidadosamente curado, donde cada elemento —materiales, iluminación, distribución— responde a una visión contemporánea del lujo mexicano.

Aquí, la experiencia no comienza con el primer sorbo, sino desde la entrada: un entorno que equilibra sofisticación y calidez, diseñado para conectar al visitante con una narrativa cultural más amplia.

El ritual: degustar el tiempo

La experiencia se estructuró como un ritual sensorial guiado por un anfitrión especializado, quien condujo a los asistentes a través de la historia, el proceso y la filosofía detrás de cada destilado.

Elementos como copas especializadas, relojes de arena y materiales ligados al origen —agave, piedras volcánicas y componentes minerales— formaron parte de una puesta en escena que enfatiza la relación entre la tierra, el tiempo y la transformación.

En este contexto, cada degustación dejó de ser un acto aislado para convertirse en una experiencia consciente, casi ceremonial.

Las expresiones: una narrativa líquida

El recorrido incluyó una selección representativa del portafolio de Clase Azul, donde cada etiqueta funcionó como capítulo dentro de una misma historia:

Clase Azul Plata, con un perfil fresco y cítrico que remite al agave en su estado más puro
Clase Azul Reposado, caracterizado por notas de vainilla, caramelo y madera
Clase Azul Añejo, con mayor profundidad, integrando matices de cacao y especias
Clase Azul Gold, una mezcla que equilibra notas dulces con un sutil carácter ahumado
Clase Azul Mezcal Durango, de perfil intenso, mineral y ahumado, reflejo de su origen

Cada expresión no solo destacó por su perfil sensorial, sino por el valor artístico de sus licoreras, elaboradas en cerámica o vidrio soplado y decoradas a mano, consolidando el vínculo entre artesanía y lujo.

Storytelling, origen y significado

A lo largo de la experiencia, el discurso no se centró únicamente en el producto, sino en su contexto: el origen de las materias primas, los procesos artesanales y la visión de una marca que ha convertido el destilado en vehículo cultural.

Este enfoque transforma la degustación en una narrativa donde convergen tradición y contemporaneidad, técnica y emoción.

El nuevo lujo: experiencia, identidad y tiempo

“Taste of Time” se alinea con una tendencia clara en el consumo de alta gama: la búsqueda de experiencias personalizadas, con carga simbólica y profundidad narrativa.

En este sentido, Clase Azul no solo presenta destilados, sino una forma de entender el lujo: uno que se construye desde la identidad, el detalle y la conexión emocional.

Porque hay experiencias que no se explican en palabras…
se descubren en el tiempo, se sienten en cada instante… y permanecen mucho después del último sorbo.