Brian May critica a la inteligencia artificial tras recrear la portada de The Game con Meta AI

Brian May utilizó Meta AI para recrear la portada del álbum The Game, publicado por Queen en 1980, y compartió el resultado en Instagram. La imagen generada no coincidió con la portada original, que muestra a Freddie Mercury, Brian May, Roger Taylor y John Deacon juntos. 

El guitarrista acompañó la publicación con una crítica al desempeño de la herramienta y preguntó si ese era el tipo de inteligencia que pronto gobernaría el mundo. Después afirmó que “en realidad no necesitamos IA” y aclaró que su mensaje abordaba un problema más amplio. 

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Brian May cuestiona el impacto de los centros de datos 

May señaló que el costo de la expansión de esta tecnología podría ser demasiado alto. También pidió impedir la construcción de centros de datos en Reino Unido, al considerar que podrían afectar el territorio y el entorno natural. 

En su publicación, el músico se dirigió a Andy Burnham, primer ministro del Reino Unido desde el 20 de julio de 2026, y le pidió detener estos proyectos “antes de que sea demasiado tarde”. May no presentó cifras sobre el impacto ambiental ni mencionó proyectos específicos en su mensaje. 

La postura de Brian May se suma al debate sobre la IA 

La crítica del integrante de Queen se relaciona con una discusión creciente entre músicos, cineastas y otros creadores sobre el uso de inteligencia artificial. El debate incluye el impacto de los centros de datos, el consumo de recursos y la reproducción de la imagen o el trabajo de artistas. 

Queen publicó The Game el 30 de junio de 1980 en Reino Unido. El álbum incluyó canciones como Play the Game, Another One Bites the Dust, Crazy Little Thing Called Love y Save Me, y fue producido por la banda junto con Mack. 

Queen no ha anunciado una nueva gira de gran escala. Roger Taylor declaró recientemente que la posibilidad de volver a los escenarios depende en buena medida de cómo se sienta May, quien sufrió un accidente cerebrovascular menor en 2024 y posteriormente informó que había recuperado la capacidad de tocar la guitarra. 

El año que cambió el rock: Los discos esenciales de 1980 que debes escuchar

La llegada de 1980 marcó una transición definitiva en la producción musical global con el lanzamiento de The Game por parte de Queen. Este material discográfico representó la primera vez que la agrupación británica utilizó sintetizadores en sus grabaciones de estudio, rompiendo con su tradicional estética sonora. El álbum alcanzó la primera posición en el Billboard 200, impulsado por el éxito masivo de sencillos como Another One Bites the Dust y Crazy Little Thing Called Love

La placa consolidó a Freddie Mercury y compañía como referentes del rock de estadios en una década que apenas comenzaba a explorar nuevos géneros. Los registros de la RIAA indican que el álbum ha generado ingresos por ventas superiores a los 5 millones de dólares, lo que equivale a 87 millones 700 mil pesos mexicanos. El impacto comercial de este trabajo redefinió las estrategias de promoción de la banda en el mercado estadounidense. 

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El renacimiento de Diana Ross y el poder de AC/DC 

Diana Ross presentó en mayo de 1980 su décimo álbum de estudio titulado Diana, bajo la producción de Nile Rodgers y Bernard Edwards de la banda Chic. Este disco se convirtió en el trabajo más exitoso de su carrera como solista, destacando himnos de la pista de baile como Upside Down e I’m Coming Out. La influencia del sonido disco evolucionado hacia el funk permitió que Ross dominara las listas de popularidad durante gran parte del verano de aquel año. 

Mientras el pop brillaba, el hard rock experimentaba un resurgimiento masivo con el estreno de Back in Black de AC/DC en julio de 1980. Este álbum marcó el debut de Brian Johnson tras el fallecimiento de Bon Scott, convirtiéndose rápidamente en uno de los discos más vendidos de la historia. La crítica internacional destaca su producción austera y potente, la cual sirvió como base para el desarrollo del rock pesado durante el resto de la década de los 80. 

El post-punk y la diversidad sonora de 1980 

El año 1980 también fue testigo del auge del post-punk con el lanzamiento póstumo de Closer de Joy Division. La atmósfera densa y las letras introspectivas de Ian Curtis definieron una estética que influiría en el rock alternativo de los años 90. De manera simultánea, bandas como The Clash expandían sus fronteras musicales con el ambicioso álbum triple Sandinista!, el cual integraba elementos de reggae, jazz y dub en su propuesta original. 

La industria musical cerró el año con el debut discográfico de U2, titulado Boy, el cual presentó al mundo el sonido característico de la guitarra de The Edge. Otros artistas como David Bowie con Scary Monsters (and Super Creeps) y Prince con Dirty Mind aportaron a la experimentación sonora que caracterizó a 1980. Esta diversidad de géneros y propuestas creativas estableció los cimientos de la cultura pop contemporánea y la rotación radial que persiste en la actualidad. 

El hit de Queen que Freddie Mercury escribió en 10 minutos mientras tomaba un baño

La canción Crazy Little Thing Called Love, lanzada originalmente en octubre de 1979, representa uno de los hitos más significativos en la transición sonora de Queen hacia la década de los 80. Esta composición no solo marcó un distanciamiento de las producciones progresivas y sobrecargadas que caracterizaron al grupo en los años 70, sino que se convirtió en su primer éxito masivo en los Estados Unidos. Freddie Mercury compuso la pieza en menos de diez minutos mientras se encontraba hospedado en el hotel Bayerischer Hof en Múnich, Alemania, buscando capturar la esencia del rock and roll primigenio de los años 50.

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La importancia técnica de esta obra reside en su capacidad para simplificar el sonido de la banda sin perder su identidad artística. Los especialistas en musicología señalan que Mercury diseñó la canción como un tributo directo a Elvis Presley, adoptando un registro vocal de barítono y una estructura rítmica propia del género rockabilly. La decisión de lanzar un tema con estas características resultó ser un movimiento estratégico para captar a una audiencia más amplia, permitiendo que la radio de la Ciudad de México y el resto del mundo mantuviera el sencillo en alta rotación durante meses.

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El origen espontáneo de un éxito: diez minutos en una tina de baño

De acuerdo con los relatos del propio Freddie Mercury, la inspiración para el tema surgió de forma imprevista mientras tomaba un baño. El vocalista solicitó que le llevaran una guitarra acústica al baño del hotel para registrar la secuencia de acordes antes de que la idea se disipara. La sencillez de la melodía fue una elección deliberada, ya que el músico buscaba una pieza que pudiera ser interpretada con pocos elementos, alejándose momentáneamente del piano que solía ser su herramienta principal de composición.

Tras concluir el bosquejo inicial, la banda se trasladó a los estudios Musicland para iniciar el proceso de grabación. El ingeniero de sonido Reinhold Mack, pieza fundamental en el nuevo sonido de Queen, recordó que el vocalista insistió en grabar la pista de inmediato para conservar la frescura de la idea original. El proceso técnico fue inusualmente rápido para los estándares del grupo; la estructura básica se completó en menos de una hora, logrando un sonido crudo y directo que contrastaba con la sofisticación de sus trabajos previos como Bohemian Rhapsody.

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El impacto de la producción de Reinhold Mack en el álbum The Game

La integración de Mack como productor permitió que Queen explorara nuevas texturas sonoras que definieron el álbum The Game (1980). En el apartado técnico, el equipo de producción utilizó efectos de eco de cinta para replicar la atmósfera de las grabaciones clásicas de los años 50 realizadas por leyendas como Buddy Holly. Esta meticulosa labor de ingeniería aseguró que la canción poseyera una autenticidad rítmica que fue elogiada por la crítica especializada de la época.

La colaboración entre Mack y la banda resultó en un cambio en la dinámica de trabajo. El guitarrista Brian May tuvo que adaptar su estilo interpretativo para encajar en el formato de la canción, utilizando una guitarra Fender Telecaster de 1967 para lograr el tono “twang” característico del género. Los analistas de la industria señalan que este ajuste técnico permitió que la banda se mantuviera vigente ante la llegada del movimiento new wave y los cambios en las tendencias de consumo musical a principios de los años 80.

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El liderazgo de Queen en las listas de Billboard y el debut de Freddie en la guitarra

El desempeño comercial de Crazy Little Thing Called Love consolidó la reputación de la banda en el mercado norteamericano de forma definitiva. La canción alcanzó la primera posición del Billboard Hot 100 en febrero de 1980, permaneciendo en la cima durante cuatro semanas consecutivas. Este hito fue fundamental para que la agrupación iniciara una de sus etapas más lucrativas de conciertos en estadios. La industria discográfica reconoce que este sencillo profesionalizó la imagen de la banda ante una audiencia que anteriormente los percibía como un grupo de rock estrictamente experimental.

Otro elemento relevante de la trayectoria de esta canción fue su presentación en vivo. Mercury sorprendió a los seguidores al tocar la guitarra rítmica durante la ejecución del tema sobre el escenario, una actividad que raramente realizaba en sus espectáculos. Al cumplirse un aniversario más de este clásico en 2026, la figura de Freddie Mercury se mantiene como el eje central de la radio clásica, confirmando que una composición sencilla puede tener un impacto cultural mayor que las obras más complejas. El legado de Queen sigue resonando en las plataformas digitales, asegurando que el “loco sentimiento llamado amor” permanezca vivo en las nuevas generaciones de oyentes.

La pelea interna en Queen que casi impide el lanzamiento de “Another One Bites the Dust”

A casi 46 años de su lanzamiento, “Another One Bites the Dust” se mantiene como uno de los pilares fundamentales en la discografía de Queen y como una de las líneas de bajo más reconocibles en la historia de la música popular. Sin embargo, detrás del éxito masivo del sencillo publicado el 30 de junio de 1980 como parte del álbum The Game, existió una fractura creativa que puso a prueba la cohesión de la banda británica. Reportes recientes han vuelto a poner el foco en la tensión que generó el cambio radical de estilo propuesto por el bajista John Deacon, una dirección que no fue bien recibida por todos los integrantes, específicamente por el baterista Roger Taylor.

Un cambio de rumbo hacia el Funk y la música Disco

La composición de Deacon representó un alejamiento drástico del rock operístico y grandilocuente que había definido a Queen en la década de 1970. Influenciado por la música negra estadounidense, el funk y la música disco que dominaban las listas de finales de esa década, el bajista presentó una maqueta que apostaba por el minimalismo rítmico y el groove bailable.

Esta propuesta generó incomodidad inmediata dentro del estudio. Brian May, guitarrista de la agrupación, ha abordado estas tensiones en diversas entrevistas retrospectivas, incluyendo declaraciones a la revista Guitar Player que han sido retomadas recientemente. Según May, la banda operaba bajo la filosofía de “nunca repetirse”, buscando deliberadamente situaciones de grabación que los obligaran a derribar barreras. No obstante, “Another One Bites the Dust” llevó esa premisa al límite.

La resistencia de Roger Taylor al sonido “seco”

El principal punto de fricción radicó en la estética sonora de la batería. Roger Taylor, conocido por un estilo de percusión potente y resonante, característico del hard rock, se opuso a la técnica de grabación requerida para el tema. La producción exigía un sonido de batería extremadamente “seco”, compacto y sin reverberación, típico del funk de la época, lo cual chocaba con la identidad musical del baterista.

“En diversos grados, a veces no nos sentíamos del todo cómodos con ella, y ciertamente Roger no se sentía muy cómodo con esa canción”, confesó May. El guitarrista explicó que Taylor “realmente no quería que su batería sonara así”. La disputa técnica se convirtió en un debate sobre la identidad de la banda: ¿Estaba Queen traicionando sus raíces rockeras para perseguir una tendencia de moda?

El respaldo de Freddie Mercury y el triunfo comercial

A pesar de la resistencia de la sección rítmica, la visión de John Deacon encontró un aliado crucial en Freddie Mercury. El vocalista se apasionó con la idea de explorar el sonido funk y apoyó incondicionalmente la dirección minimalista del tema, cantando con una intensidad rítmica que complementaba la sequedad de la instrumentación. May recordó que tanto Deacon como Mercury insistieron en que la batería debía sonar “escasa y compacta”, una decisión que finalmente prevaleció en la mezcla final.

El tiempo validó la apuesta arriesgada de Deacon. El sencillo no solo alcanzó el número uno en el Billboard Hot 100 de Estados Unidos, sino que se convirtió en el sencillo más vendido de la banda en ese país, vendiendo más de 4 millones de copias. La canción logró cruzar barreras demográficas, sonando tanto en estaciones de rock como en las de R&B y música urbana, ampliando la base de seguidores del grupo a nivel global.

Lo que en 1980 fue motivo de discusión en el estudio, hoy es considerado un movimiento maestro de reinvención. La incomodidad creativa descrita por May resultó ser el catalizador que permitió a Queen sobrevivir al cambio de década y mantenerse vigente en un panorama musical en constante evolución.