En la narrativa subterránea del rock mexicano de las últimas tres décadas, pocas figuras poseen la versatilidad visual y sonora de Paco Huidobro Jr., artísticamente conocido como El Abulón. Como vocalista, compositor y agitador cultural, su nombre quedó grabado de manera indeleble al frente de Las Víctimas del Dr. Cerebro, un proyecto fundado en Ciudad Nezahualcóyotl que inyectó una dosis inusual de teatralidad circense, terror de serie B y vértigo escénico en el circuito nacional.
La trayectoria de El Abulón no se limita al punk rock de carpa y a los riffs acelerados de canciones como El Esqueleto. Su inquietud artística lo condujo a explorar los terrenos de la música electrónica, el trip-hop y la experimentación alternativa a través de proyectos paralelos como Abominables, demostrando una constante resistencia a encasillarse en una sola etiqueta genérica.
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Del cirio de Ciudad Nezahualcóyotl a los grandes festivales
Los orígenes musicales de El Abulón se gestaron en los márgenes de la zona metropolitana del Valle de México, donde la cultura de barrio y la fascinación por el cine de terror fantástico moldearon una estética visual sumamente contestataria. Al lado de sus hermanos, consolidó a Las Víctimas del Dr. Cerebro como un ejército de circo rocanrolero, destacando por actuaciones en directo donde el maquillaje, los zancos y la pirotecnia desafiaban la sobriedad imperante en los foros de rock de principios de los años noventa.
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A diferencia de las agrupaciones de corte purista que dominaban la llamada “Rockotitlán”, el grupo adoptó influencias del ska, el metal y el cabaret, construyendo un lenguaje transgresor y festivo que conectó de inmediato con las juventudes de la periferia urbana. En el centro de esa maquinaria lúgubre y colorida se encontraba la presencia vocal y el magnetismo histriónico de El Abulón.
La madurez electrónica con Abominables y la vigencia de un icono
Con el cambio de milenio, la necesidad de explorar nuevas texturas sonoras llevó a El Abulón a fundar Abominables, un proyecto donde el sintetizador, las atmósferas oscuras del synth-pop y las guitarras filosas convivieron con letras de corte existencialista y festivo. Aquella aventura reafirmó su estatus de creador de vanguardia, capaz de alternar los festivales masivos de rock pesado con las pistas de baile de la escena electrónica alternativa.
A más de treinta años de haber iniciado su recorrido artístico, El Abulón continúa operando como un testigo y motor indispensable de la contracultura mexicana. Su capacidad para mutar de piel sin perder el pulso de la autenticidad mantiene su figura como uno de los blasones más singulares, libres y vibrantes de la historia del rock nacional.
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