Demanda millonaria contra Sony: El creador del baile de *NSYNC reclama sus derechos en Deadpool

El coreógrafo estadounidense Darrin Henson, creador de la emblemática rutina de baile del tema Bye Bye Bye de la agrupación *NSYNC, inició un proceso legal contra el sello Sony Music Entertainment (SME). La demanda, presentada formalmente el pasado 27 de marzo de 2026, alega que la discográfica autorizó el uso de su propiedad intelectual en proyectos multimedia de alto perfil, como la película Deadpool & Wolverine y el videojuego Fortnite, sin contar con su aprobación explícita ni otorgarle la remuneración económica correspondiente.

Henson, quien obtuvo el premio MTV Video Music Award a la Mejor Coreografía en el año 2000 por su labor en dicho video musical, sostiene que él es el único poseedor de los derechos de autor de los movimientos ejecutados por la banda. Según el documento judicial, el demandante solicita que el tribunal declare su propiedad absoluta sobre la obra y ordene la transferencia de todos los ingresos generados por SME y sus licenciatarios derivados del uso de la coreografía. El conflicto surge tras el resurgimiento masivo del tema gracias a su inclusión en la secuencia de apertura de la cinta protagonizada por Ryan Reynolds en 2024.

La legislación sobre derechos de autor en Estados Unidos contempla la protección de obras coreográficas fijadas en un medio tangible. Henson argumenta que, aunque la música pertenece a la discográfica, la composición visual y rítmica del baile constituye una entidad creativa independiente. La disputa técnica se centra en si los contratos firmados durante la década de los 90 y principios de los 2000 cedieron automáticamente los derechos de la coreografía al sello o si estos permanecieron bajo la tutela del creador original.

El impacto de Deadpool & Wolverine y la economía de los emotes

El uso de la coreografía de Bye Bye Bye resultó fundamental para el éxito mediático de Deadpool & Wolverine. Durante los créditos iniciales, el personaje ejecuta la rutina completa de Henson, lo que provocó que la canción de los años 2000 reingresara a las listas de popularidad globales. Paralelamente, la empresa Epic Games integró el baile como un “emote” en el videojuego Fortnite, permitiendo que millones de usuarios adquieran la licencia digital de los movimientos para sus personajes virtuales.

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Aunque el impacto comercial de estas integraciones ha generado ingresos millonarios, Henson afirma que no recibió comunicación alguna para negociar los términos de la licencia. Es importante señalar que la demanda se dirige exclusivamente contra Sony Music Entertainment; ni Marvel Studios (subsidiaria de Disney) ni Epic Games han sido nombrados como acusados directos en esta etapa del proceso. La estrategia legal de Henson apunta a la raíz de la cadena de licencias, responsabilizando a SME por comercializar una obra que, según su declaración, no les pertenece.

Darrin Henson y su legado en la cultura pop de los 2000

La trayectoria de Darrin Henson es un referente técnico para la industria de la danza y el pop de finales del siglo XX. Además de su trabajo con *NSYNC, Henson colaboró con figuras de la talla de Michael Jackson, Britney Spears y Jennifer Lopez. Su estilo, que fusionó elementos del hip-hop con la precisión de las boy bands, definió la estética visual de una era. La coreografía de Bye Bye Bye, con su característico gesto de despedida con la mano, es considerada una de las obras más reconocibles en la historia de los videos musicales.

[SUGERENCIA DE VIDEO: Incluir aquí una entrevista o clip de Darrin Henson explicando el proceso creativo de la coreografía original]El desenlace de este litigio podría establecer un precedente significativo para los derechos de los coreógrafos en la era digital. Con el auge de las redes sociales y la monetización de bailes virales, la industria observa con atención la resolución del tribunal. Por el momento, Sony Music Entertainment no ha emitido un comunicado oficial respecto a las acusaciones. Mientras tanto, la coreografía de Henson continúa siendo un activo cultural de alta rotación en plataformas de streaming y consolas de videojuegos, consolidando la vigencia de los éxitos pop de hace dos décadas en el mercado multimedia actual.

Backstreet Boys vs *NSYNC: Datos definitivos sobre quién ganó la guerra del pop

La historia de la música pop de finales del siglo XX no puede escribirse sin mencionar la rivalidad titánica que dividió a los patios escolares, las estaciones de radio y las listas de popularidad en dos bandos irreconciliables. Por un lado, los Backstreet Boys (BSB), los pioneros de armonías vocales de Orlando; por el otro, *NSYNC, la respuesta enérgica y coreográfica que desafió su trono. A más de 25 años de su apogeo, el debate sobre quién ganó realmente la “guerra de las boy bands” sigue vigente en 2026, respaldado por cifras astronómicas y legados culturales distintos.

Cifras astronómicas: ¿Quién vendió más discos?

Si el criterio para determinar al vencedor es puramente numérico, los Backstreet Boys ostentan la corona indiscutible. Formados en 1993, el quinteto compuesto por Nick Carter, Howie Dorough, AJ McLean, Brian Littrell y Kevin Richardson ha vendido más de 130 millones de discos a nivel mundial, lo que los convierte en la boy band con mayores ventas de todos los tiempos. Su álbum Millennium (1999) sigue siendo uno de los discos más vendidos de la historia de la música.

Sin embargo, *NSYNC —integrado por Justin Timberlake, JC Chasez, Chris Kirkpatrick, Joey Fatone y Lance Bass— posee el récord de intensidad. Su álbum No Strings Attached (2000) estableció una marca que parecía imbatible durante 15 años: vendió 2.4 millones de copias en su primera semana solo en Estados Unidos. Aunque su carrera fue más breve (1995-2002) y sus ventas totales rondan los 70 millones de discos, su impacto comercial por año activo fue descomunal.

Lou Pearlman: El arquitecto de la rivalidad

Detrás de ambos fenómenos existió una figura controvertida: Lou Pearlman. Este magnate fue el creador de ambas agrupaciones, utilizando una fórmula similar de selección de talentos en Orlando, Florida. La rivalidad no fue solo una invención de los medios; fue una estrategia comercial y, eventualmente, un conflicto legal real. Ambas bandas demandaron a Pearlman por fraude y mala gestión financiera, procesos que ganaron y que les permitieron tomar el control de sus carreras artísticas.

Esta historia compartida de explotación y emancipación es un punto clave en la narrativa de los 90. Mientras BSB apostaba por una imagen más vocal y R&B, *NSYNC se inclinó hacia el pop electrónico y las coreografías complejas, diferenciándose lo suficiente para dominar el mercado simultáneamente sin anularse mutuamente.

El legado en 2026: Permanencia contra explosividad

En el presente, la balanza se inclina de formas diferentes. Los Backstreet Boys han mantenido una carrera ininterrumpida (salvo breves pausas) celebrando recientemente su 30 aniversario con el exitoso DNA World Tour, el cual recaudó más de 227 millones de dólares, demostrando su vigencia en estadios globales.

Por su parte, *NSYNC se disolvió en la cúspide de su fama en 2002, lanzando la carrera solista de Justin Timberlake. No obstante, su reunión en 2023 para la canción “Better Place” de la película Trolls Band Together y sus apariciones públicas recientes han demostrado que la nostalgia por el grupo sigue intacta, generando especulaciones constantes sobre una gira de reunión definitiva.

En última instancia, la “guerra” benefició a la industria: revitalizó el pop, generó miles de millones en ingresos y dejó un catálogo de himnos como “I Want It That Way” y “Bye Bye Bye” que, en 2026, siguen siendo infaltables en cualquier celebración.