Todo comenzó junto a un arroyo. El 1 de junio de 1904, los relojeros Paul Cattin y Georges Christian compraron la fábrica cerrada de Lohner & Co en Hölstein, un pueblo del cantón de Basilea-Campiña, y bautizaron su empresa con el nombre del riachuelo vecino: Oris. Con 67 empleados iniciales, para 1911 ya eran el mayor empleador del pueblo con más de 300 trabajadores, construyendo incluso casas para su gente.
Pero el 12 de marzo de 1934, el gobierno suizo promulgó el “Uhrenstatut” o Estatuto Relojero: una ley de emergencia que, con el motivo de proteger a la industria, prohibía introducir nuevas tecnologías sin permiso oficial. Para Oris fue una condena. Sus competidores habían adoptado el preciso escape de áncora suizo antes de la ley; Oris quedó legalmente congelada en el escape de espigas tipo Roskopf, considerado de menor categoría. Había cuestiones ilógicas para nuestra época, como que quien fabricaba cajas de acero no podía hacerlas de oro sin autorización estatal.
En 1956, el director general Oscar Herzog contrató a un joven jurista con una única misión: derribar esa ley. El doctor Rolf Portmann dedicó sus primeros 10 años en la firma exclusivamente a esa batalla. Hizo lobbyen Berna y publicó incontables artículos denunciando la regulación. El punto de quiebre llegó en 1959, cuando logró que una delegación federal encabezada por el doctor Karl Huber, visitara Hölstein y comprobara que Oris podía fabricar prácticamente todos los componentes de un reloj… sin permiso para hacerlo. El informe reconoció el carácter proteccionista del estatuto, que comenzó a desmantelarse desde 1961 hasta la victoria definitiva de 1966.
Ese mismo año nació el símbolo de la libertad recuperada: el calibre automático 645, primer movimiento Oris con escape de áncora suizo, montado en un reloj llamado Star. La transformación fue meteórica: hacia 1969, Oris figuraba entre los 10 mayores fabricantes del mundo, con 800 empleados y 1.2 millones de relojes anuales. Y Portmann repetiría la hazaña: en 1982, ante el plan de cerrar la marca durante la crisis del cuarzo, ejecutó junto a Ulrich W. Herzog, el management buyout que devolvió a Oris su independencia, apostando por la mecánica accesible que la define hasta hoy.
El nuevo Star Edition 2026 honra esa gesta con fidelidad conmovedora: caja tonneau de acero de 35 mm, plexiglás abombado, carátula plateada con índices dobles aplicados y Super-LumiNova, fecha a las 3 h, las leyendas “Star”, “Automatic” y “26 Jewels”, y el escudo de los años sesenta grabado al fondo. Late con el calibre automático 733 y 41 horas de reserva de marcha.
Las tres cosas más sorprendentes de esta historia: primera, que Portmann libró parte de su guerra legal escribiendo artículos de prensa, y se dice que muchos fueron bajo seudónimos; segunda, que la marca era tan querida en sus mercados de exportación que en Etiopía hubo padres que bautizaron a sus hijos “Oris”; y tercera, que el abogado salvó a la casa dos veces —del estatuto y del cierre— y sigue siendo su presidente honorario pasados los 90 años de edad.
Spring Drive de Grand Seiko: la tecnología que borró la frontera entre la relojería mecánica y la electrónica.
Hay un segundero en el mundo que no salta ni tiembla: se desliza. Flota sobre la carátula con la misma continuidad silenciosa con que la Tierra gira sobre su eje. Es la firma inconfundible del Spring Drive de Grand Seiko, la tecnología que borró la frontera entre la relojería mecánica y la electrónica.
Su historia comenzó en 1977, cuando Yoshikazu Akahane, un joven ingeniero de Suwa Seikosha (hoy Seiko Epson), soñó con un reloj ideal: la energía de un muelle real con la precisión de un reloj electrónico. Le tomó 22 años y más de 600 prototipos. El Spring Drive debutó comercialmente en 1999 y, en 2004, llegó a Grand Seiko con el calibre 9R65, ya con cuerda automática y 72 horas de reserva de marcha.
¿Por qué es diferente a todo? Porque elimina el corazón tradicional del reloj mecánico: no hay áncora ni volante. El muelle real impulsa el tren de engranajes como en cualquier alta relojería, pero la regulación corre a cargo del Tri-Synchro Regulator, que armoniza tres energías —mecánica, eléctrica y electromagnética—.
Una rueda deslizante genera una corriente mínima que alimenta un circuito integrado y un oscilador de cuarzo que vibra a 32,768 Hz; con esa referencia, un freno electromagnético actúa 256 veces por segundo. Sin batería, sin motor, sin colisiones metálicas.
De ahí su exactitud: al no depender de la amplitud variable de un volante ni sufrir por temperatura, posición o golpes, alcanza ±1 segundo por día (±15 segundos al mes), más de 10 veces la precisión de un mecánico convencional, sostenida durante toda la reserva de marcha.
La familia 9R es su hogar: el 9R65 fundacional (que anima al célebre “Snowflake”), el 9R66 y 9R86 con GMT y cronógrafo, los exquisitos 9R01 y 9R02 del Micro Artist Studio, la generación 9RA5 y 9RA2 con cinco días de reserva y ±10 segundos al mes, y la cima absoluta: el calibre U.F.A. 9RB2, presentado en 2025, con una asombrosa precisión de ±20 segundos… al año.
De Japón para el mundo. Grand Seiko nació en 1960 en Shinshu como la búsqueda del reloj perfecto, pero durante medio siglo fue un secreto japonés: solo en 2010 cruzó fronteras y en 2017 se independizó de Seiko como marca autónoma.
Hoy, con boutiques de Nueva York a París y una legión de coleccionistas conquistados por sus carátulas inspiradas en la naturaleza y sus acabados Zaratsu, Grand Seiko se sienta en la mesa de la alta relojería mundial con pleno derecho: el rival oriental que las grandes casas suizas ya no pueden ignorar.
La historia de los relojes de la escudería Ferrari. De un Carrera de oro con el tipo de sangre grabado a un tourbillon de siete cifras: 55 años después, la relojería sigue corriendo con el corazón de Maranello.
Ningún fabricante de autos ha seducido tanto a la relojería como Ferrari, y ya es medio siglo de relojes del Cavallino. Para explicarnos el inicio, tenemos que revisar el pacto que podemos conocer como “Heuer-Enzo”. Corría 1971 y la Scuderia necesitaba cronometraje de precisión para su nuevo circuito de pruebas de Fiorano. Jack Heuer tenía la respuesta: el Centigraph, el primer sistema capaz de medir varios autos simultáneamente a la milésima de segundo.
Pero Enzo Ferrari no estaba dispuesto a pagar los 35,000 francos suizos que costaba. El acuerdo fue tan ingenioso como histórico: Heuer entregaría el sistema de cronometraje, pagaría una cuota a cada piloto y les regalaría un cronógrafo Carrera de oro de 18 quilates —la mítica referencia 1158 CHN, con el nombre y el tipo de sangre del piloto grabados al dorso—, a cambio de que el escudo Heuer luciera al frente de los monoplazas, bajo el parabrisas.
Siempre hay una primera vez…
Esta fue la primera ocasión en que una marca relojera patrocinó a una escudería completa. Los frutos llegaron pronto: con el Centigraph operado por Jean Campiche y Niki Lauda al volante del 312T, Ferrari conquistó los campeonatos de pilotos y constructores de 1975, celebrados por Heuer con el lanzamiento del Monza en 1976. Lauda repetiría título en 1977 y la sociedad se extendió hasta 1979, año en que Jody Scheckter cerró la era dorada con otro doblete mundial.
Tras la salida de Heuer, el Cavallino coqueteó con varias casas: los relojes “Ferrari Formula” bajo el sello de Cartier en los ochenta, la elegante década de Girard-Perregaux “pour Ferrari” (1994–2004), el músculo deportivo de Panerai (2005–2010) y la era Hublot (2011–2021), que dejó piezas extremas como el MP-05 LaFerrari y sus 50 días de reserva de marcha.
Así se llegó al 2021, y el socio relojero oficial de Ferrari es Richard Mille, alianza que ha producido el RM UP-01 Ferrari, que ostentó el récord de reloj mecánico más delgado del mundo, y el RM 43-01 Tourbillon Split-Seconds, desarrollado durante tres años junto al Centro Stile de Ferrari y limitado a 150 piezas con precio de 1.5 millones de dólares.
El acuerdo fue renovado, y para la temporada 2026 de la Fórmula 1 —la nueva era técnica de la categoría, con Charles Leclerc y Lewis Hamilton defendiendo el rojo—, Richard Mille sigue siendo el aliado relojero de la Scuderia, presente tanto en las muñecas de los pilotos como en el patrocinio del equipo.
De un Carrera de oro con el tipo de sangre grabado a un tourbillon de siete cifras: 55 años después, la relojería sigue corriendo con el corazón de Maranello. Porque en Ferrari, hasta el tiempo tiene que ser el más rápido.
Del 2 al 18 de octubre de 2026, se llevará a cabo la séptima edición de las Grandes Exposiciones de Patek Philippe en Italia. Con casi 2,900 m2, será la mayor exposición organizada hasta la fecha por la Manufactura, donde los visitantes podrán descubrir ediciones limitadas, lanzamientos y piezas emblemáticas. Este concepto de entrada gratuita y abierta al público, que inició hace catorce años con la visión de acercar a los visitantes al universo relojero de la Casa, ha reunido en total 165 mil visitantes.
Ahora, será el renovado Palazzo delle Scintille, ahora conocido como CityOval, en CityLife, Milán, el que albergará los 15 espacios temáticos con cerca de 500 relojes y objetos, incluyendo una selección de piezas de Alta Artesanía realizada exclusivamente para esta exposición.
Reloj de bolsillo “Burano” Ref. 992/193J-001
Entre las piezas más sobresalientes se encuentra el reloj de bolsillo “Burano” Ref. 992/193J-001, una pieza de oro amarillo que combina esmalte cloisonné, flinqué y paillonné con grabado a mano para rendir homenaje a la isla veneciana de Burano, en la cual destaca un guilloché a mano con motivo de “olas”, sobre el que se aplica después esmalte cloisonné en 70 colores.
¿Cómo ha logrado la Casa que los reflejos del agua parezcan reales? Esto es gracias a la incorporación de láminas de oro y plata bajo el esmalte, realizado con la técnica del esmalte paillonné.
Reloj de sobremesa Dôme “Oranges de Sicile” Ref. 20179M-001
Por su parte, el reloj de sobremesa Dôme “Oranges de Sicile” Ref. 20179M-001 exhibe el esmalte Grand Feu cloisonné que ofrece dos planos visuales que aportan profundidad a la escena: los naranjos en primer plano y la ciudad de Palermo, realizada en pintura en miniatura sobre esmalte, en segundo plano.
Un detalle extraordinario son los árboles y los frutos que se han perfilado utilizando alrededor de 15 metros de hilo de oro. Asimismo, para los matices de los naranjos, se utilizó una paleta de 49 colores de esmaltes transparentes, opalescentes y opacos, mientras que la pintura en miniatura sobre esmalte incorpora 4 o 5 colores pastel. El resultado es extraordinario: se puede apreciar la distancia entre los dos planos mediante efectos de desenfoque y sombreado.
Comencemos explorando cómo los relojes mecánicos cobran vida. Precisemos, primero, que el secreto radica en la energía potencial. Pues bien, la energía es la capacidad de los sistemas para realizar un trabajo y, en particular, la energía potencial es aquella que se almacena en un objeto o sistema, dada su posición o configuración. Entiéndase, por ejemplo, un peso, cuya masa le hace descender por efecto de la gravedad, o un resorte que tiende a desenrollarse. Aprovechada y transformada en energía cinética, esta pone en marcha los componentes del reloj, impulsando sus manecillas y sus distintas complicaciones.
¿Cuándo nacieron los relojes mecánicos? Un poco de historia
Los primeros relojes mecánicos fueron construidos en los monasterios europeos en torno al año 1000, dada la necesidad de los monjes de determinar las horas de los rezos a lo largo del día. De ahí se extendieron rápidamente a las ciudades, principalmente a iglesias y centros de trabajo, donde el sonido de las campanas ayudaba a marcar las horas. Los carillones de campanas eran movidos por un mecanismo que echaba mano de la energía potencial de un peso que colgaba de una cuerda enrollada en un vástago, el cual giraba al irse desenrollando la cuerda.
¿Cómo medir el tiempo? Los fundamentos de la tecnología del escape
Hasta acá, todo bien. Sin embargo, era indispensable controlar la velocidad a la que se desenrollaba esa cuerda. Para ello, debió inventarse un mecanismo que fuera interrumpiendo ese movimiento continuo, fragmentándolo en pequeños pasos, dando lugar a las unidades de tiempo, es decir, los minutos y los segundos.
Dicho mecanismo es el regulador o escape, un sistema oscilante que alterna entre frenar y liberar la caída del peso, al controlar el giro de un engranaje, llamado rueda de escape, cuyos dientes tienen forma de triángulos colocados en ángulo. Cada oscilación, por ejemplo, de un péndulo (o en relojes posteriores, de un volante), mueve el foliot (una barra transversal con pesos ajustables) o un áncora, lo que libera un diente de la rueda de escape, permitiendo que el tren de engranajes avance (o “escape”) un paso, antes de frenarse en el siguiente diente. El escape y frenado, dados por ese vaivén, dan lugar al conocido “tic-tac” de los relojes. El vaivén, o alternancia, es controlado, a su vez, por el péndulo y los pesos, en el caso del foliot y, por el volante y la espiral, en el caso del áncora.
Todo lo que sube tiene que bajar y, una vez que la cuerda que sostenía el peso se desenrollaba por completo, habiendo transformado toda su energía potencial en la energía cinética que diera vida al reloj, no quedaba sino enrollarla manualmente, llevando de nuevo el peso hacia arriba mediante un sistema de cuerdas, poleas y un contrapeso. ¿Ingenioso? – Sí. ¿Práctico? – Bueno, pues, no tanto. ¿Preciso? – No mucho.
¿Cómo mejorar su desempeño? En búsqueda de mayor precisión y portabilidad
Pues bien, ya en las etapas tempranas del siglo XV, los relojeros europeos comenzaron a emplear resortes (muelles) para sustituir los pesos como forma de propulsión para los componentes del reloj, con diversas fuentes de la época mencionando relojes portátiles sin pesos. Estos muelles espirales de torsión, al ser enrollados y dada su elasticidad, guardan energía potencial, la cual van liberando conforme regresan a su forma original. Dado que está encargado de propulsar el reloj, este resorte es llamado el muelle real.
A fin de liberar su energía de manera controlada, el resorte debe ser contenido dentro de un cilindro aplanado y dentado por el exterior, llamado barrilete. Al centro del barrilete se encuentra el mandril, al cual se fija el muelle. De esta forma, al girar el mandril (conectado mediante engranes a la corona), el resorte se enrolla acumulando energía potencial. A esta acción se le conoce como “dar cuerda”.
Barrilete C Rolex
¿Cuánto tiempo marcha el reloj sin darle cuerda?
El tiempo que funciona el reloj sin recibir cuerda es conocido como la reserva de marcha y depende de tres factores principales: la longitud y grosor del muelle real; la eficiencia del tren de engranajes; y la cantidad de barriletes. Una reserva de marcha en torno a las 40 horas es considerada estándar.
De forma análoga a lo que sucedía con los relojes de péndulo, la velocidad a la que gira el barrilete y entrega su energía al tren de engranajes debe ser controlada mediante un mecanismo de escape.
¿Cómo pueden superarse los desafíos que supone usar un muelle real?
Un problema al que se enfrenta el uso del muelle real es que, al irse desenrollando, el resorte dejaba de entregar la misma fuerza y el reloj comenzaba a marchar más despacio, fenómeno llamado falta de isocronismo. A fin de contrarrestarlo, uno de los primeros acercamientos, que ciertas manufacturas como A. Lange & Söhne aún incorporan en algunos movimientos (por ejemplo, en el RICHARD LANGE TOURBILLON “Pour le Mérite”), consistió en emplear una polea cónica (llamada mecanismo de caracol, o fusée, en francés) unida al barrilete mediante una cadena: conforme el resorte pierde tensión, la cadena va tirando de una parte más ancha del cono, compensando la caída en el torque. Este es el mismo principio que emplean las bicicletas con cambios de velocidades.
En ese sentido, colocar un muelle más largo puede aumentar la reserva de marcha, pero es necesario considerar que, así como el tiempo de isocronismo se alargará. también enfrentará el problema de la falta de isocronismo hacia el final de su reserva.
¿De qué otra forma se puede mejorar el isocronismo y la reserva de marcha?
Colocar más de un barrilete puede incrementar la precisión del reloj o su reserva de marcha, dependiendo de si estos son conectados en paralelo o en serie. Cuando se conectan en paralelo, ambos barriletes se conectan a un piñón central al que entregan su energía de forma simultánea, con lo que el poder transmitido es mayor, mejorando la cronometría. Opcionalmente, suelen usarse barriletes conectados en paralelo en relojes con complicaciones que requieren mucha energía, como los cronógrafos, los repetidores de minutos o un tourbillon. Por ejemplo, el Blancpain Grande Double Sonnerie emplea dos barriletes independientes, uno en paralelo con la sonería, proporcionándole hasta 12 horas de autonomía de sonería continua, y otro que impulsa el tourbillon y el calendario perpetuo.
Cuando los barriletes están conectados en serie, los dientes exteriores de uno engranan con aquéllos del siguiente, de forma que los muelles reciben cuerda de manera secuencial y, correspondientemente, agotan su energía uno detrás del otro, incrementando así la reserva de marcha del reloj, aunque el torque entregado al tren de engranajes es siempre equivalente al que proporciona un solo barrilete.
Por ejemplo, con dos barriletes conectados en serie, el movimiento OMEGA Co-Axial Master Chronometer calibre 8912 alcanza una reserva de marcha de 60 horas. Demostrando la eficacia de este acercamiento en una forma extrema, el MP-05 La Ferrari de Hublot, con 11 barriletes en serie, alcanza una increíble reserva de marcha de aproximadamente 1,200 horas (~50 días).
Hublot MP05 LaFerrari
¿Qué pasa al combinar el peso con los muelles? La cuerda automática
Una forma adicional de incrementar la reserva de marcha tiene que ver con cambiar la estrategia en que se da cuerda al reloj, complementando la cuerda manual con una cuerda automática. A tal fin, los relojes automáticos suelen contar con una masa oscilante que gira libremente, gracias a su peso(generalmente se emplean metales pesados como el oro, el platino o el carburo de tungsteno) y la inercia, impulsada por los movimientos de la muñeca del portador.
Así, es necesario que el muelle real incorpore una brida deslizante, una extensión en el extremo del mismo, que comienza a deslizarse una vez que el muelle ha llegado a su límite de cuerda, incluso si la masa oscilante continúa girando, a fin de evitar dañar el muelle. No obstante, antes de alcanzar este límite, la brida deslizante ofrece la resistencia necesaria para mantener fijo el muelle contra la pared interior del barrilete, permitiendo que se enrolle.
Si bien los primeros movimientos con cuerda automática solo aprovechaban el desplazamiento de la masa en una sola dirección, la mayoría de los calibres actuales obtienen energía del giro en ambos sentidos. Por ejemplo, Rolexemplea un sistema de dos ruedas conectadas a un piñón central para crear las ruedas de inversión que acopla con su rotor Perpetual. En cambio, IWC Schaffhausen emplea el sistema Pellaton, el cual emplea un disco en forma de corazón montado en un soporte de manera excéntrica, permitiendo convertir el desplazamiento de la masa oscilante en un vaivén transmitido a la rueda de la cuerda mediante dos trinquetes que alternan funciones entre dar cuerda o deslizarse, según la dirección del giro del rotor.
¿El reloj perpetuo es un mito o una realidad?
No todo está dicho en términos de la reserva de marcha. El ingenio de los relojeros no deja de sorprender con innovaciones como el Atmos de Jaeger-LeCoultre. Inventado en 1928 por Jean-Léon Reutter, se trata del movimiento perpetuo absoluto que obtiene energía de los más minúsculos cambios en la temperatura. Estos resultan en la expansión o contracción del gas contenido en una cápsula herméticamente sellada. Dichos cambios en el volumen generan presión sobre una membrana conectada al muelle que, actuando como un fuelle, da cuerda al último. Así, un cambio de un grado Celsius proporciona al reloj una autonomía de unos dos días: el reloj perpetuo.
El cronógrafo mítico de Rolex es una expresión nunca vista antes. Una configuración original y exclusiva del Oyster Perpetual Cosmograph Daytonaen versión Rolesium, que combina acero Oystersteel —parte central de la caja y brazalete— y platino —aro del bisel y del fondo de la caja—. Una de las grandes primicias de Rolex este año.
Rolex Oyster Perpetual Cosmograph Daytona
La configuración de este nuevo Rolex Oyster Perpetual Cosmograph Daytonaes realmente original en todos sus detalles. La esfera esmaltada en blanco es única y constituye un ejemplo de la maestría de Rolex en la fabricación de estas. Creada mediante la técnica grand feu, requirió el desarrollo de un proceso de producción especial porque en el caso de este Daytona, se aplica sobre placas cerámicas —una para la esfera y otras tres para los contadores— que se fijan a una base de latón.
Este Daytona en Rolesium también luce el insustituible bisel Cerachromfabricado en monobloque. Rolex ha creado este tono antracita en su cerámica enriquecida con carburo de tungsteno, bordeado por una banda metálica también de platino. En la escala taquimétrica de este nuevo bisel, los números se presentan horizontalmente, evocando el diseño del primer Cosmograph Daytona en 1963.
Es una rareza de Rolex, aunque ya los hemos visto en algún Daytona, el movimiento del reloj se aprecia a través de un fondo de caja de cristal de zafiro, también protegido por un anillo de platino. Este Cosmograph Daytona está equipado con el calibre 4131, un movimiento que exhibe puentes decorados con el motivo Côtes de Genève de Rolex, que se diferencia de la tradicional por el sutil surco pulido entre cada banda. El contraste llamativo lo aporta una masa oscilante calada que está fabricada en oro amarillo.
Estilo de leyenda
El movimiento 4131 es un robusto mecanismo de rueda de pilares y embrague vertical, pero con la tecnología clave de Rolex: escape Chronergy patentado de níquel-fósforo, espiral Parachrom azul, oscilador Paraflex y rotor perpetual que garantiza 72 horas de reserva de marcha. Este Oyster Perpetual Cosmograph Daytona cuenta con la certificación de Cronómetro Superlativo, que ha actualizado sus criterios este año —resistencia al magnetismo, fiabilidad y durabilidad—. Los estándares de precisión siguen siendo estrictamente rigurosos: tras el montaje del movimiento, la exactitud del reloj debe estar entre -2 y +2 segundos al día.
Paradigma de estilo y deportividad, la caja Oyster de 40 mm del Cosmograph Daytona garantiza una hermeticidad de hasta 100 metros (330 pies). Su brazalete Oyster de este Cosmograph Daytona está realizado en acero Oystersteel y equipado con el cierre desplegable de seguridad Oysterlock. Cuenta con el cómodo eslabón de extensión Easylink, creado por Rolex, que permite al usuario ajustar fácilmente la longitud del brazalete en 5 mm aproximadamente.
Lanzado en 1963, el Cosmograph Daytona fue diseñado para satisfacer las necesidades de los pilotos de carreras profesionales. Una colección que crece, sumando también anteriormente versiones con incrustaciones de gemas, en las que la emblemática escala taquimétrica se ha sustituido por diamantes o piedras preciosas de color. Natural y esencialmente ligado al mundo del automovilismo, tras más de seis décadas después de su lanzamiento, este nuevo Rolex Cosmograph Daytona sigue elevando su estatus entre los cronógrafos deportivos más codiciados.
Cada verano tiene su propia paleta de colores y Hublot parece haber encontrado la del 2026. La firma suiza vuelve a convertir el Mediterráneo en el escenario perfecto para presentar sus novedades con el lanzamiento de la colección Big Bang Summer, una propuesta que demuestra que la alta relojería también puede transmitir la energía, la luz y el espíritu relajado de la temporada sin renunciar a la innovación técnica.
Desde Saint-Tropez, donde la marca ha establecido su tradicional cita estival desde 2017, Hublot presenta una colección en la que la cerámica de alta tecnología adopta una nueva personalidad. Los tonos intensos que durante años distinguieron a la manufactura evolucionan hacia una gama de colores pastel inspirados en los amaneceres, el mar y las puestas de sol del Mediterráneo.
Cerámica que marca tendencia
Los protagonistas son dos relojes que comparten la misma identidad estética, pero ofrecen experiencias mecánicas diferentes.
Por un lado, el Big Bang Summer Unico Flyback de 42 milímetros combina una caja de cerámica rosa y verde menta con un bisel azul celeste. La carátula mantiene esa armonía cromática mediante una composición en tonos pastel que recuerda la luz cambiante del verano.
En su interior late el calibre de manufactura Unico Flyback, uno de los movimientos más representativos de Hublot, equipado con cronógrafo integrado y una arquitectura desarrollada íntegramente por la marca. Esta edición estará limitada a únicamente 200 piezas.
Por otra parte, la propuesta más exclusiva llega con el Big Bang Summer Tourbillon Automático de 44 milímetros, una edición limitada a solo 10 ejemplares. Su carátula de cristal de zafiro rosa transparente deja al descubierto el movimiento HUB6035, creando un efecto visual que enfatiza la profundidad y la complejidad mecánica del tourbillon.
Hublot Big Bang Tourbillon
La innovación también se expresa en el color
Aunque los tonos pastel capturan inmediatamente la atención, detrás de ellos existe un importante desarrollo tecnológico.
Desde hace varios años, Hublot ha perfeccionado la fabricación de cerámica de color mediante procesos patentados que permiten obtener materiales considerablemente más resistentes que la cerámica convencional, además de conservar su intensidad cromática y ofrecer una elevada resistencia a los arañazos.
Big Bang Titanium Peach
La colección también incorpora tres nuevas versiones monocromáticas del Big Bang en tonos melocotón, verde menta y azul petróleo, disponibles en cajas de 33 y 42 milímetros.
Especialmente llamativo resulta el modelo de 33 milímetros, que por primera vez prescinde de diamantes para dejar que el color sea el auténtico protagonista. Su diseño monocromático se extiende desde la carátula hasta la caja, el bisel y la correa de caucho, ofreciendo una imagen contemporánea y desenfadada.
También se ha incluido el Big Bang Titanium Peach Ceramic de 42 mm,impulsado por el cronógrafo Unico Flyback de manufactura, pieza que añade un toque más técnico. Alojado en una caja de titanio con una hermeticidad de 100 m, el color melocotón predomina en el bisel, la carátula esqueletizada, las manecillas y la correa de caucho.
Mucho más que una colección de verano
Más allá de su estética, los nuevos Big Bang Summer reflejan la filosofía del Arte de la Fusión, sello distintivo de Hublot desde hace más de cuatro décadas. Materiales innovadores, movimientos de manufactura y una fuerte personalidad estética convergen en relojes que buscan adaptarse tanto a un entorno relajado junto al mar como a una velada sofisticada.
Todas las versiones incorporan el sistema One Click, que permite intercambiar las correas de caucho en segundos, reforzando la versatilidad de una colección concebida para acompañar el ritmo del verano.
Con esta propuesta, Hublot confirma que la innovación no siempre pasa por complicaciones inéditas o materiales futuristas. En ocasiones, basta con reinterpretar el color para demostrar que la alta relojería también puede transmitir emociones, frescura y un estilo de vida que invita a disfrutar cada instante.
Hamilton y Christopher Nolan lanzan un reloj edición limitada inspirado en La Odisea, que combina diseño, mitología y cine en 2,112 piezas exclusivas.
En la relojería, pocas colaboraciones consiguen trascender el simple ejercicio de diseño. Hamilton lo logra nuevamente al presentar una creación que nace directamente de una historia cinematográfica. En alianza con el director Christopher Nolan, la firma suiza da vida al Khaki Field Auto The Odyssey Limited Edition, un reloj inspirado en La Odisea, la nueva producción de Universal Pictures que llegará a los cines el 17 de julio de 2026.
A diferencia de colaboraciones anteriores entre la marca y el cineasta, esta vez el reloj no fue concebido para aparecer en pantalla. Su origen está en el universo narrativo de la película, convirtiéndose en un homenaje tangible a la mitología griega y al legendario viaje de Odiseo.
Christopher Nolan y Hamilton vuelven a colaborar con un reloj inspirado en La Odisea
Un reloj inspirado en un héroe legendario
La colaboración entre Hamilton y Christopher Nolan no es nueva. Después de participar en proyectos como Interstellar, Tenet y Oppenheimer, ambas partes vuelven a encontrarse para desarrollar una pieza que traduce símbolos cinematográficos en elementos de diseño.
El desafío era singular: la historia transcurre en la Edad del Bronce, mucho antes de la existencia de los relojes mecánicos. En lugar de recrear un objeto histórico, Hamilton tomó como punto de partida algunos de los elementos más representativos del protagonista.
La carátula negra con acabado cepillado incorpora un patrón en bronce inspirado en el casco de Odiseo, mientras que el índice de las 12 horas reproduce uno de los remaches presentes en la vaina de su espada. Las manecillas, también en tono bronce y con forma de espada, refuerzan el vínculo con el personaje y su travesía.
Materiales que evocan la antigüedad
La caja de 42 mm, basada en el conocido Khaki Field Automatic, está elaborada en bronce, un material elegido por su estrecha relación con las armas y armaduras de la época en la que se desarrolla la historia.
En contraste, el fondo de caja está fabricado en titanio para aportar ligereza y resistencia. Allí aparece grabado el casco de Odiseo junto con la firma de Christopher Nolan, un detalle reservado para esta edición especial.
El conjunto se complementa con una correa de piel marrón de textura granulada y costura central, mientras que en su interior late el calibre automático H-10 con espiral de Nivachron, capaz de ofrecer hasta 80 horas de reserva de marcha.
Mucho más que un reloj
Hamilton acompaña esta edición con un objeto pensado para los coleccionistas y los amantes del cine: una réplica del broche de la diosa Atenea, utilizado en la película como talismán de Odiseo y entregado originalmente por Penélope.
La presentación también recibe un tratamiento especial mediante un estuche en tonos negro y bronce con inspiración en los escudos de la antigua Grecia.
La producción estará limitada a 2,112 piezas, un número cargado de simbolismo dentro del poema de Homero, donde el doce aparece de forma recurrente y representa uno de los hilos conductores de la narrativa.
Con el Hamilton Khaki Field Auto The Odyssey Limited Edition la Manufactura vuelve a demostrar que un reloj también puede convertirse en una extensión de una historia. Más que una pieza de colección, es un puente entre la relojería contemporánea, el cine y uno de los relatos más influyentes de la literatura universal.
La elegancia deportiva encuentra un nuevo equilibrio en el Jaeger-LeCoultre Polaris Date 40 mm. La Manufactura suiza presenta una versión más compacta de uno de los modelos insignia de la colección Polaris, una propuesta que conserva toda su personalidad técnica y estética, pero apuesta por unas proporciones más versátiles para acompañar el ritmo de la vida cotidiana.
Con una caja de acero de 40 mm, un refinado movimiento manufactura y una carátula azul con un espectacular efecto degradado, esta novedad demuestra que la comodidad también puede formar parte del lujo.
Un legado nacido bajo el agua
La historia de Polaris comenzó en 1968 con el lanzamiento del Memovox Polaris, un reloj de buceo que rompió con los códigos de su época gracias a su gran caja y a una personalidad decididamente innovadora.
Aquella pieza no solo marcó un antes y un después para Jaeger-LeCoultre, sino que se convirtió en uno de los grandes referentes de los relojes de inmersión de finales de los años sesenta. Su espíritu aventurero sigue siendo, hasta hoy, el ADN de la colección.
En 2018, la Maison recuperó el histórico nombre Polaris para dar vida a una familia completamente renovada de relojes deportivos. El objetivo era claro: reinterpretar el carácter de aquel icono desde una perspectiva contemporánea, sin perder la elegancia que distingue a la firma.
El resultado es una colección que combina prestaciones técnicas, diseño refinado y una gran capacidad para adaptarse tanto a un entorno urbano como a una escapada de fin de semana.
Nuevas proporciones para una mayor versatilidad
La principal evolución del nuevo Polaris Date está en sus dimensiones. La caja de acero inoxidable reduce su diámetro hasta los 40 mm y disminuye su grosor a 12.9 mm, logrando una presencia más equilibrada sobre la muñeca sin alterar la identidad visual del modelo.
Esta nueva proporción mejora notablemente la ergonomía y amplía su atractivo para quienes buscan un reloj deportivo capaz de acompañar cualquier ocasión.
El diseño mantiene los elementos que hacen inconfundible a la colección: superficies satinadas y pulidas que generan interesantes juegos de luz, bisel estrecho, cristal tipo glass-box y las dos coronas características. La segunda permite controlar el bisel giratorio interno, una función heredada directamente de sus raíces como reloj de buceo y que continúa aportando un carácter práctico al conjunto.
La caja ofrece además una hermeticidad de hasta 20 bares (200 metros), reforzando su vocación deportiva.
Una carátula que refleja la maestría artesanal de la Manufactura
Uno de los mayores atractivos del nuevo Polaris Date vuelve a estar en su carátula azul, cuya construcción revela el cuidado extremo por los detalles.
La composición mantiene la arquitectura de círculos concéntricos que distingue a la colección, acompañada por índices trapezoidales, numerales arábigos de gran personalidad y agujas esqueletizadas, todos tratados con Super-LumiNova® para asegurar una excelente legibilidad incluso en condiciones de poca luz.
La profundidad visual es fruto de un complejo proceso artesanal. Primero se realizan los acabados granulado y satinado tipo rayos de sol. Después, la carátula recibe siete capas de laca de color y otras 35 capas de laca translúcida, antes de ser pulida completamente a mano.
El resultado es un elegante efecto degradado que cambia según incide la luz y aporta una notable sensación de volumen.
Rendimiento mecánico para acompañar cualquier aventura
A través del fondo de cristal de zafiro puede admirarse el calibre automático 899, desarrollado, producido y ensamblado íntegramente por Jaeger-LeCoultre.
Este movimiento combina una refinada decoración con un desempeño pensado para el uso diario. Ofrece una reserva de marcha de 70 horas, una característica especialmente práctica para quienes alternan varios relojes durante la semana sin preocuparse por volver a ponerlos en hora.
Como ocurre con todas las creaciones de la Manufactura, el movimiento refleja la filosofía de integración total de Jaeger-LeCoultre, donde cada componente nace y se ensambla bajo un mismo techo.
Un deportivo elegante para la vida contemporánea
El nuevo Polaris Date se entrega con una correa de lona azul equipada con un cierre desplegable de doble hebilla, reforzando ese equilibrio entre sofisticación y funcionalidad que caracteriza a la colección.
Con esta nueva versión de 40 mm, Jaeger-LeCoultre demuestra que la evolución no siempre implica reinventar un icono. En ocasiones basta con perfeccionar sus proporciones para hacerlo todavía más cómodo, versátil y actual.
El Polaris Date mantiene intacto su espíritu aventurero, pero ahora está mejor preparado para acompañar cada momento del día, desde una reunión de trabajo hasta una escapada de fin de semana.
La magia de un verano en Roma tiene colores, reflejos y emociones difíciles de olvidar. Bvlgari captura precisamente esa sensación en las nuevas versiones de su icónica colección Bvlgari Bvlgari, dos relojes femeninos que transforman la artesanía tradicional en una expresión contemporánea de elegancia.
Con carátulas de marquetería de nácar realizadas completamente a mano, las nuevas referencias llegan en dos tonalidades llenas de personalidad: un verde intenso y cautivador que evoca jardines mediterráneos bañados por el sol, y un delicado rosa que recuerda la suavidad de los atardeceres italianos. Ambas propuestas celebran el encanto atemporal de la dolce vita con una interpretación refinada y profundamente femenina.
Nueva colección Bvlgari Bvlgari inspirada en los veranos italianos
Un icono nacido entre Roma y Suiza
Pocas colecciones representan tan bien el ADN de Bvlgari como Bvlgari Bvlgari. Su historia comenzó en 1975, cuando Gianni Bulgari concibió un reloj exclusivo destinado a los cien mejores clientes de la histórica boutique de la Rue du Rhône 30, en Ginebra.
Dos años más tarde, el legendario diseñador Gérald Genta reinterpretó aquella creación y dio origen al Bvlgari Bvlgari que hoy conocemos. Desde entonces, el modelo se ha convertido en uno de los diseños más reconocibles de la relojería contemporánea.
Su distintivo bisel grabado con la doble inscripción BVLGARI BVLGARI se inspira en las antiguas monedas romanas y en las monumentales inscripciones latinas que aún definen la arquitectura de la Ciudad Eterna. Un detalle que conecta directamente con las raíces culturales de la Maison.
La artesanía del mosaico romano llevada a la muñeca
El verdadero protagonismo de estas nuevas versiones se encuentra en sus espectaculares carátulas de marquetería de nácar. Más que simples elementos decorativos, representan una auténtica demostración del savoir-faire artesanal que caracteriza a Bvlgari.
Cada carátula está compuesta por aproximadamente 400 diminutas piezas de nácar ensambladas manualmente una a una. El resultado es una superficie llena de matices y reflejos iridiscentes que cambia constantemente según la incidencia de la luz.
La inspiración proviene directamente del antiguo arte romano del mosaico policromado, utilizado durante siglos para decorar villas, templos y palacios con complejas composiciones ornamentales. En esta ocasión, esa tradición milenaria se traslada a una escala diminuta para convertir cada reloj en una verdadera obra de arte portátil.
Verde hipnotizante o rosa etéreo
Las dos nuevas interpretaciones ofrecen personalidades claramente diferenciadas.
La versión verde combina una carátula de nácar en tonos intensos con un bisel de oro amarillo, creando un contraste cálido y sofisticado que resalta la riqueza cromática de la pieza.
Por su parte, la referencia rosa apuesta por una estética más suave y romántica gracias a un dial de nácar rosado acompañada por un bisel de oro rosa, una combinación luminosa y delicada que aporta una elegancia natural.
En ambos casos, 12 índices de diamantes iluminan la carátula y aportan un brillo adicional que dialoga con los reflejos cambiantes del nácar.
Elegancia femenina para cada momento
Con una caja de 33 milímetros, los nuevos Bvlgari Bvlgari encuentran el equilibrio perfecto entre presencia y discreción. La combinación de acero pulido y satinado con detalles en oro crea una estética versátil que puede acompañar tanto un look casual de verano como una ocasión más formal.
Estas nuevas incorporaciones refuerzan el carácter de una colección que sigue evolucionando sin perder la esencia que la convirtió en un icono. Una propuesta donde la joyería, la relojería y el arte convergen para celebrar la feminidad contemporánea con la misma naturalidad con la que Roma celebra cada verano.
Porque, al final, pocas cosas representan mejor el espíritu de Bvlgari que transformar siglos de historia, cultura y artesanía en un reloj capaz de capturar la luz de una tarde italiana.