La historia secreta de Steve Lukather como músico de sesión antes de crear Toto

Mucho antes de liderar las listas mundiales de popularidad al frente de Toto y de convertirse en uno de los guitarristas más reconocidos de la historia del rock, el californiano Steve Lukather ya era un veterano de los estudios de grabación de Los Ángeles cuando apenas rozaba la veintena de años. Nacido en el Valle de San Fernando, Lukather encontró en la guitarra un refugio creativo tras escuchar el álbum Meet The Beatles!, obsesionándose con dominar tanto el lenguaje del blues como las estrictas exigencias técnicas de la lectura a primera vista (sight-reading). 

Su ingreso al selecto y cerrado circuito de los músicos de sesión profesionales se fraguó en la adolescencia gracias a su amistad con el tecladista David Paich y los hermanos Jeff y Steve Porcaro. Aquel grupo de jóvenes prodigios comenzó a llamar la atención de los productores de élite de la Costa Oeste, quienes buscaban instrumentistas jóvenes capaces de imprimir frescura y precisión milimétrica en las cintas de máster sin consumir horas excesivas de estudio. 

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La puerta de entrada al imperio de la producción de Los Ángeles 

A mediados de los años setanta, Lukather dejó de ser una promesa juvenil para convertirse en una pieza imprescindible en las libretas de contactos de los ingenieros de sonido más exigentes de California. Su capacidad para ejecutar arreglos complejos de rock, funk, pop y soul en una sola toma le abrió las puertas de los estudios más cotizados, como Cherokee Studios y Sunset Sound. 

Durante esa etapa intensiva previa a la fundación oficial de Toto en 1977, el guitarrista dejó su sello distintivo en cientos de grabaciones comerciales multiplatino que definieron el sonido de la radio comercial estadounidense. Su sonido de guitarra, caracterizado por el uso de saturación controlada, chorus y una afinación impecable, aportó el músculo rockero necesario a producciones de pop melódico que de otro modo habrían resultado excesivamente asépticas. 

De la trastienda de los estudios a la primera línea del Billboard 

Aunque su rostro todavía era un misterio para el gran público que compraba discos en las tiendas, el nombre de Steve Lukather ya figuraba con frecuencia en los créditos internos de álbumes fundamentales de la época. Su guitarra aportó la energía a discos tan diversos como el debut homónimo de Boz Scaggs (Silk Degrees, 1976) y colaboraciones tempranas con artistas de la talla de Leo Sayer y Olivia Newton-John. 

Esa escuela de disciplina absoluta en el estudio forjó el carácter musical que poco después daría vida al sonido de Toto, banda con la que alcanzaría la gloria internacional en 1982 gracias al álbum Toto IV. Lejos de ser un músico improvisado, Steve Lukather consolidó su virtuosismo en las trincheras del trabajo de sesión, demostrando que la verdadera maestría se aprende repitiendo tomas frente al mezclador bajo la atenta mirada de los productores más implacables de la industria.