A lo largo de sus más de cuatro décadas de trayectoria llenas de estadios colmados, sombreros icónicos y giras monumentales, la imagen de U2 quedó grabada a fuego en la cultura popular gracias a una serie de rostros infantiles que protagonizaron sus primeros lanzamientos discográficos. Pero, ¿quién era exactamente el misterioso niño que aparecía en las portadas de la banda y por qué se convirtió en un símbolo recurrente?
Mucho antes de alcanzar la fama internacional, el cuarteto de Dublín formado por Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. recurrió a su círculo de amistades artísticas en Irlanda para dar identidad visual a sus canciones de juventud. El niño elegido fue Peter Rowen, quien en ese entonces era un pequeño de cabello rubio y aspecto angelical.
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De los dulces de chocolate a la portada del álbum Boy
La conexión con el grupo surgió a través de su hermano mayor, Derek Rowen —conocido artísticamente como Guggi—, quien era pintor, miembro de la influyente banda The Virgin Prunes y un amigo muy cercano de los integrantes de U2. La primera incursión de Peter en el universo visual de la banda ocurrió en septiembre de 1979 para el EP U2 3, y un año más tarde se convirtió en el absoluto protagonista de la mítica portada de su álbum debut de estudio, Boy (1980).
En aquella sesión fotográfica a cargo de Hugo McGuinness, al pequeño Peter se le pagó únicamente con barras de chocolate Mars. La impactante imagen en blanco y negro del niño mirando fijamente a la cámara con las manos detrás de la cabeza ilustraba a la perfección el concepto lírico del disco: la dolorosa transición de la inocencia a la experiencia adulta. Irónicamente, la filial estadounidense de Island Records llegó a preocuparse en su momento de que la fotografía de un niño sin camisa pudiera malinterpretarse, aunque la polémica quedó rápidamente superada por el éxito musical.
La evolución con War y su destino profesional
El rostro de Peter Rowen reapareció en la portada del tercer álbum de la banda, War (1983). En esta ocasión, la estética del diseño cambió drásticamente: el niño ya era mayor, mostraba un labio cortado y su mirada inoscente se había transformado en un gesto acusatorio frente a un muro de ladrillos, simbolizando la pérdida de la inocencia y los estragos que el mundo adulto y la guerra pueden causar en la infancia.
Años más tarde, la vida de Peter dio un giro curioso. Tras haber participado involuntariamente en la construcción de la identidad visual de una de las bandas más grandes del planeta, se convirtió en un fotógrafo profesional, llegando incluso a retratar a los propios U2 durante un concierto masivo en el castillo de Slane en 2001.